CLASIFICACIÓN DE BONOS: UPR

LA CLASIFICACIÓN DE LOS BONOS DE LA UPR

Por Carlos A. Colón De Armas – Profesor UPR – 7/diciembre/2011

 El 22 de noviembre, la agencia clasificadora Moody’s Investors Service le redujo la clasificación a los bonos de la Universidad de Puerto Rico (UPR) a Baa2 (de Baa1, que era su clasificación anterior). Además, le redujo la clasificación a los bonos emitidos para financiar el proyecto de Plaza Universitaria, que se pagan mediante un acuerdo de renta por parte de la UPR, a Baa3 (de Baa2, que era su clasificación anterior). La clasificación de Baa3 es la más baja antes de caer en el nivel que comúnmente se conoce como “chatarra”.

 Moody’s también indicó que mantendrá esos bonos bajo observación para una posible reducción adicional en su clasificación.

 De acuerdo a la agencia clasificadora, esas acciones se debieron, principalmente, a dos razones. En primer lugar, en agosto de 2011, los bonos de obligación general del gobierno estatal fueron degradados a Baa1. Por lo tanto, dado el hecho de que alrededor del 75% de los ingresos de la UPR provienen del gobierno estatal, Moody’s entiende que la deuda de la UPR debe estar clasificada, por lo menos, un peldaño por debajo de la deuda del estado. En segundo lugar, los problemas de liquidez que enfrenta la UPR, los cuales se han agudizado debido a las pérdidas operacionales que ha experimentado el Hospital de Carolina, principalmente causadas porque el Departamento de Salud no le ha reembolsado a la UPR, como se supone que lo haga, por el costo de los servicios ofrecidos a pacientes médico-indigentes.

Los bonos que emite la UPR van dirigidos a financiar proyectos de mejoras permanentes. Por lo tanto, desde un punto de vista puramente financiero, el efecto principal de esa reducción en la clasificación de los bonos de la UPR debe ser la de aumentar el costo de financiar las obras capitales del primer centro de educación superior en la Isla. Aparte de eso, y del efecto que ese incremento en gastos de financiamiento pueda tener en los fondos disponibles para cubrir las operaciones regulares de la UPR, esa acción de Moody’s no debe tener ninguna otra implicación adicional.

Independientemente de esa reducción en clasificación, lo que sí ha quedado de manifiesto es que la situación financiera de la UPR, en lugar de haberse solucionado, continúa en precario. Ante esa realidad, es importante reconocer que la UPR es la única entidad del Gobierno de Puerto Rico que ya está integrada a la globalización. Por consiguiente, las acciones que se tomen en la UPR no necesariamente deben ser las mismas que se utilicen en el resto del gobierno. Por el contrario, las medidas que se implanten deben ser cónsonas con la necesidad que tiene Puerto Rico de que la UPR sea competitiva a nivel global.

En el caso de los profesores y estudiantes, la UPR compite con universidades de todas partes del mundo para atraer, y retener, el mejor talento. Lo mismo ocurre con la búsqueda de fondos externos, para los cuales la UPR compite, en igualdad de condiciones, con las mejores universidades de Estados Unidos y del mundo. Por lo tanto, lo que ha estado sucediendo en la UPR durante los años recientes no es bueno.

En la UPR, el dinero sigue escaseando, la situación laboral se está deteriorando y los ofrecimientos académicos continúan reduciéndose. La propia opinión de Moody’s indica que la UPR está revisando sus ofrecimientos académicos para ver si algunos se pueden eliminar o consolidar.

En el caso del personal docente, se han cancelado los aumentos de sueldos por varios años. Peor aún, también se han congelado los ascensos que, más que un asunto económico, en la academia se ven como el reconocimiento al progreso, y la valía, del profesorado. En la medida en que la UPR esté impedida de reconocer ese valor, el profesorado estará tentado a mudarse a otras universidades que sí lo reconocen. De ocurrir eso, la UPR verá mermada su calidad académica. 

Ante la crisis fiscal que vive la UPR, fui parte de un esfuerzo, junto a otros colegas profesores, que contó con un gran apoyo en la comunidad universitaria y que se conoció con el nombre de “La Universidad: Sumando Ganamos Todos”. Ese esfuerzo le pedía a todos los sectores de la comunidad universitaria que cedieran y aportaran algo para contribuir a resolver la crisis. Además, como ninguna de las soluciones propuestas tenía el potencial de producir suficiente dinero en efectivo en el corto plazo, y en vista de que la cantidad necesaria es manejable dentro de la estrechez fiscal del erario, se le pedía una contribución adicional al estado. Esa contribución no tenía el propósito de servir como la solución de largo plazo. Por el contrario, la misma tenía como objetivo proteger la calidad académica en el corto plazo, y promover un clima de confianza dentro del cual se pudieran discutir y proponer medidas que verdaderamente resuelvan el problema de forma permanente. 

Cuando hicimos nuestra propuesta, advertimos que, de no implantarse, se podrían ver afectados los programas y la calidad académica de la UPR. Los eventos que han ocurrido desde entonces nos han dado la razón.

 La propuesta “La Universidad: Sumando Ganamos Todos” está tan vigente hoy como cuando originalmente se propuso. Todavía estamos a tiempo para implantarla. Es importante que así lo hagamos. Sería muy triste que en la UPR, por no querer sumar, le sigamos restando a la calidad académica que tan necesaria es para el futuro de Puerto Rico.

 Nota: Este escrito fue publicado en el periódico El Vocero, 9 de diciembre de 2011,
página 24.

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