Mensaje del ELA – 60 Años

Mensaje con motivo de la conmemoración del Sesenta Aniversario de la Constitución del Estado Libre Asociado d

e Puerto Rico

Orador: Lcdo. Alfredo Castellanos Bayouth                                                                         

25 de julio de 2012

Muy buenas tardes. Me uno a los saludos protocolares con motivo de esta ocasión. Quiero comenzar expresando mi más profundo agradecimiento al gobernador Luis Fortuño, por honrarme con su invitación para ofrecer un mensaje en el día de hoy, fecha tan importante paratodos los puertorriqueños, ya que celebramos el sexagésimo aniversario de nuestra constitución y nuestro ordenamiento constitucional.

Un día como hoy, hace exactamente sesenta (60) años, la historia de nuestro pueblo y de nuestra nación cambió para siempre.  El primer evento transformante  para todos los puertorriqueños se suscitó cuando, con el aval del Congreso, decidimos organizarnos no sólo en el ámbito político y en lo que concierne a la administración pública; proceso que se había iniciado con la Ley Foraker del 1900, la Ley Jones del 1917 y la Ley del gobernador electo del 1947; sino, más trascendental aún, comenzamos a organizarnos constitucionalmente, como un estado de facto de la Unión americana.

Como la historia de nuestra nación nos ilustra, el proceso de concederle a un territorio la oportunidad de organizarse política y legalmente con su propia Constitución, con el aval del Congreso, fueron sucesos que nunca antes se habían experimentado de manera consolidada y simultánea en el experimento constitucional americano. Es en ese momento, del que hoy se cumplen sesenta (60) años, que nace nuestra estructura constitucional, la cual fue creada con mentes puertorriqueñas y avalada por la absoluta mayoría de nuestro pueblo. Ese vehículo, que fue diseñado y respaldado por nuestro

pueblo, se vislumbró hace sesenta (60) años, entre otras cosas, como el medio que nos iba a permitir evolucionar y empoderarnos como pueblo. Con ese vehículo, fortalecido por el pensamiento de los arquitectos del ordenamiento constitucional americano y dentro del concepto de estado que emana de nuestro ordenamiento constitucional, la esperanza de muchos, hace ya sesenta (60) años era que precisamente con ese vehículo íbamos a llegar a nuestro destino político. Hace sesenta (60) años, y según lo ha confirmado el Tribunal Supremo de los Estados Unidos recientemente en Examining Board v. Flores Otero y la retirada Juez Sandra Day O’Connor en United States v. Laboy Torres, Puerto Rico se convirtió en un estado de facto de la Unión americana.

Los Estados Unidos sin Puerto Rico, no son Estados Unidos

Los Estados Unidos sin Puerto Rico, no son Estados Unidos

Hay que descartar, para el beneficio de aquéllos que desconocen o rehúsan conocer de nuestro pasado, que la antedicha gestión histórica recibió, no en una, sino en tres ocasiones, el apoyo masivo de la absoluta mayoría de los electores. Sin lugar a dudas, nuestra Constitución es el fruto de nuestros esfuerzos individuales y colectivos. Nuestra constitución, es una prueba fehaciente de lo que podemos lograr como pueblo. Este evento sirve para manifestarle a los aproximadamente trescientos diez (310) millones de hermanos y hermanas que junto a nosotros, forman parte de la Unión americana, que la resolución puertorriqueña, precisamente es de la que hablaba Francis Scott Key cuando mientras se encontraba varado en la Bahía de Baltimore, Maryland durante la Guerra del 1812, nuestra segunda guerra de independencia, escribió un poema que luego se convirtió en nuestro himno nacional, el Star Spangled Banner, que habla expresamente de la resolución del pueblo americano. Nuestra resolución está a fin con la resolución de nuestros compatriotas americanos y que no le quepa duda a nadie que aquí también estamos en la tierra de los bravos.

Como ustedes bien conocen, nuestra Constitución, cuya vigencia celebramos todos los 25 de julio desde el 1952, desde que Don Luis Muñoz Marín erizó nuestra bandera oficial, representa un compromiso inquebrantable por parte del Congreso de los Estados Unidos hacia nuestro pueblo.Dentro del contexto histórico de nuestra nación, con algunas esotéricas excepciones, ese pacto siempre ha sido un pacto de carácter doméstico, en nuestro caso fue expresamente un pacto entre el Congreso y el pueblo de Puerto Rico.  Esto es una realidad inalterable, y el mismo no es, ni puede ser interpretado como uno de carácter o connotaciones internacionales, como lamentablemente algunas personas, ya sea por ignorancia o por fines políticos partidistas, pretenden tergiversar. Y es precisamente, esa intención de desvirtuar y alterar de manera acomodaticia a intereses o aspiraciones particulares de algunos sectores, lo que  en vez de adelantar nuestra navegación hacia un mejor futuro, ha inducido a error a cientos de miles de puertorriqueños, durante el transcurso de nuestra historia contemporánea, específicamente desde el 1948. Veamos.

No es un mero “accidente histórico” el que a estas alturas,  en el 2012, sesenta (60) años después de ese evento crucial, todavía exista un cuestionamiento individual y/o colectivo, de lo que verdaderamente significa para nosotros, los 3.7 millones de ciudadanos que hacemos de Puerto Rico nuestro hogar, la autorización que nos brindó el Congreso para la creación de nuestra Carta Magna y el alcance de dicho suceso histórico.

En gran medida, la confusión responde a esa acción concertada por algunos sectores con la ayuda de congresistas y cabilderos inescrupulosos, de proyectar ese  pacto ineludible, como un convenio ajeno a la realidad histórica de los Estados Unidos.  La verdad es, aunque reconocemos que hay quienes acuden a la negación, y cito, en parte, al Profesor Emeritus de la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale, quien es posiblemente uno de los constitucionalistas más respetado en este momento en nuestra nación, incluyendo por el propio Tribunal Supremo de los Estados Unidos, que lo cito sin vacilación para sostener una determinación histórica y de carácter constitucional, me refiero al profesor,  Akhil Reed Amar, quien afirma en su libro The History of the Constitution Of the United States: “nuestro pacto doméstico con el Congreso es el mismo pacto que el Congreso le reconocía a cada  territorio que recibía la autorización del Congreso para  organizarse políticamente”, ni más ni menos.

Respetuosamente, le recomiendo a los “agnósticos” que vuelvan  a leer el encasillado de la Ley 600 la cual habla expresamente de organizarnos, para disipar cualquier duda que a estas alturas de nuestra historia algún puertorriqueño pueda tener. Por eso hoy, 25 de julio del 2012, sesenta (60) años del nacimiento de nuestra constitución, les afirmo a todos ustedes, sin reserva mental alguna, que no existe impedimento en el ejercicio de nuestros derechos naturales, para celebrar, sin preocupación alguna, la conmemoración de la promulgación de nuestra Constitución, la misma Constitución, que tiene los cimientos en ley para encaminarnos hacia nuestro destino como un estado de facto de la Unión Americana. El conocimiento de la verdad nos brinda la libertad y oportunidad de celebrar nuestra historia con el respeto y la dignidad que todos debemos sentir por la misma. Nuestra historia constitucional no le pertenece a ningún partido político ni a ningún otro estado de la Unión: le pertenece a todos nosotros, al pueblo de Puerto Rico.

La evolución constitucional de los Estados Unidos nos enseña, entre otras cosas, que una vez  se perfecciona el llamado “pacto doméstico” entreel Congreso y los ciudadanos de un territorio organizado, sin excepción alguna, este pacto siempre ha llevado  a los ciudadanos y residentes del territorio organizado hacia una sóla dirección dentro del contexto constitucional nacional. Esa dirección envuelve, por mandato histórico y constitucional, el reconocimiento de todos los derechos, privilegios,  e inmunidades que nos confiere nuestra ciudadanía americana, la cual el Congreso completó en el 1947.  ¡Hace ya sesenta y cinco (65) años! que el Congreso nos extendió los mismos derechos que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, hasta el caso de Balzac v. Porto Rico, indicó que estaban ausentes desde el Tratado de Paris y que llevaba a la conclusión de que Puerto Rico no era un territorio incorporado. Y escuchen bien, en ese mismo año, fue que el Juez Asociado del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, el Juez Hugo Black de Alabama, en una opinión disidente en el caso de  Adamson v. California inició el proceso de nacionalización a nivel constitucional de todos los derechos fundamentales que le pertenecen a todos los ciudadanos americanos por razón de su nacionalidad. Un pensamiento jurídico que al igual que nuestra pacto con el Congreso, sigue siendo una obra en marcha. En nuestra nación hay que luchar por nuestros derechos fundamentales tanto en los estados, estados de facto y los territorios. Pero si se lucha y persiste, la historia afirma que se triunfa y así serápara nuestro pueblo.

Desde hace seis (6) décadas, comenzando desde un día como hoy, más de dos generaciones de puertorriqueños nos hemos beneficiado  de los frutos de los derechos, privilegios e inmunidades que nos brinda nuestro ordenamiento constitucional por razón de nuestra ciudadanía, lo que el Congreso incluyó para garantizar su permanencia, por disposición expresa  en el Artículo VII de nuestra  Carta Magna.

Hace sesenta (60) años, el Congreso de Estados Unidos nos abrió las puertas de nuestra Nación para que todos los ciudadanos americanos que residimos en Puerto Rico pudiéramos participar del experimento político y democrático más exitoso de la historia de la humanidad, el cual inclusive,sobrepasó todas las expectativas de éxito que tenían los Padres Fundadores. Esa visión de los Padres Fundadores de la República y arquitectos de nuestro ordenamiento constitucional nacional, inspirado en los derechos naturales que nos confiere nuestro Padre Creador, es precisamente la razón que nos une en esta importante actividad aquí en el Viejo San Juan. Sin embargo, aquí, hoy, es imperativo señalar y enfatizar, un hecho del que todos tenemos y debemos de estar conscientes como bien mencioné hace unos momentos: lo que empezamos gloriosamente en el 1952, aún no ha culminado. Para lograr esa encomienda restan unos pasos y acciones afirmativas que tenemos que tomar como pueblo.  El tiempo actual, el presente, nos exige compromiso, afirmación y una inquebrantable resolución en pro de nuestro futuro.  El camino está trazado, podemos caminar hacia nuestro destino sobre tierra firme.

Ante la trascendencia de esta ocasión, además, se torna imperativo señalar  e ilustrar un hecho que, humildemente, me atrevería a afirmar quedesconoce la mayoría de nuestro pueblo. Este dato, es relevante, particularmente en esta celebración y evento histórico de hoy, en el cual conmemoramos la creación de nuestra Carta Magna:  Los derechos, privilegios e inmunidades que le fueron reconocidos a nuestro pueblo en el 1947, nacen no por obra y gracia del Congreso y tampoco por las mejores intenciones del Juez Hugo Black,  sino del fruto de la Ordenanza del Noroeste aprobada el 13 de julio de 1787, el cual es uno de los más importantes documentos en la historia de los Estados Unidos.  Dicha ordenanza fue aprobada tan sólo unos meses antes de que la Asamblea Constituyente se llevó a cabo en Philadelphia, en el calurosoverano del 1787. De hecho, impresionantemente, probablemente y quizás por divina providencia, dicho acto congresional fue la única ordenanza que fue aprobada por el Congreso bajo los Artículos de Confederación. El fruto de la misma lo veremos en el 2012.

Desde la aprobación de la referida Ordenanza del Noroeste, nuestra Nación proclamó, para el beneficio de futuras generaciones de americanos,que los Estados Unidos jamás iban a permitir que el maltrato a los cuales fueron expuestos en numerosas ocasiones las colonias y los colonos cuando peticionaban a Jorge III y al Parlamento Inglés para remedios en ley sobre sus agravios, volviera a ocurrir en todos los territorios que fuera adquiriendo la joven nación, ya sea por conquista o tratado. Esa cicatriz histórica que dejó el maltrato de Gran Bretaña, con el aval de Jorge III, promovió en una  joven confederación, que los abusos y atropellos del pasado nunca más se iban a permitir en los Estados Unidos de América y que iba a estar el Congreso a cargo de ayudar a los nuevos territorios a convertirse en territorios que pudiera asumir sus propias responsabilidades inspiradas en el Republicanismo americano y que los ciudadanos del territorio se les ensenaría sobre el deber cívico republicano que le compete asumir a todo ciudadano; que los derechos que fueron mancillados a los colonos,  como el derecho fundamental de todo ciudadano a que sus casos se juzguen, tanto en casos civiles como en casos penales, por los miembros de su comunidad, que todos los ciudadanos iban a estar participando activamente en la administración de la justicia, el derecho al Habeas Corpus, la libertad de prensa y expresión, la libertad de culto, entre  una lista de derechos, nunca más  iban a ser coartadas por el gobierno nacional. El 13 de julio de 1787, Estados Unidos se comprometió con el mundo entero a que nunca más iba a ser poseedor o retenedor de cualquier tipo de colonia ilimitadamente. Lo increíble de la ordenanza, de lasgarantías  y derechos que se le extendía a los nuevos territorios y sus respectivos ciudadanos, es que la misma, en su totalidad, fue incorporada por referencia en la primera Sesión del Congreso bajo nuestra nueva constitución nacional del 1787, ratificada el 17 de septiembre del 1789, en el Artículo IV Sección 3, conocida comúnmente en nuestra jurisdicción como la infame  “Cláusula Territorial”. Consecuentemente, todos los derechos que la joven nación les prometió a sus nuevos territorios y los compromisos constitucionales, amparados en el referido pacto, también nos pertenecen a nosotros como herederos forzosos de ese histórico legado exclusivo de nuestra nación y nuestra constitución.

Lamentablemente, el neo imperialismo que infectó y trastocó a nuestra nación a finales del Siglo 19 y hasta la primera parte del Siglo 20, habrátrastocado momentáneamente esa importantísima proclamación histórica. Sin embargo, este pueblo y nuestra nación, no pueden olvidar esa granpromesa y realidad histórica la cual nos cobija, como mencioné, por garantía constitucional.

Hoy, sesenta (60) años después del nacimiento de nuestro ordenamiento constitucional como estado de facto, podemos exaltar que los enumerados derechos y promesas que la Nación ofrece por fuerza de la Constitución a todos los territorios organizados políticamente, nos pertenecen a nosotros los puertorriqueños por igual y en igualdad de condiciones, como  les fueron reconocidos a todos los territorios organizados.

Escuchen bien, es importante que todos entendamos, que los poderes que tiene el Congreso para establecer reglas y reglamentaciones para los territorios americanos está subordinada, como bien ha expresado en reiteradas ocasiones nuestro máximo foro judicial, a las limitaciones de la Constitución. Esa es  nuestra realidad constitucional en el 2012 y una que nos compete directamente a nosotros como ciudadanos americanos, recordársela a todos los conciudadanos de la Nación, particularmente a ciertos políticos, o algunos enemigos vehementes de los intereses de nuestro pueblo que de vez en cuando proyectan padecer de amnesia selectiva.

Me siento en la obligación de decirles a los opositores, no creyentes en nuestro ordenamiento constitucional que si algo nos ha enseñado la historia es que los enemigos de nuestro ordenamiento de ley y orden, nunca podrán mutilar y/o destruir el mismo.

Quiero aprovechar la oportunidad, en el marco solemne de esta actividad, evento oficial de Estado, que entiendo es la manera correcta y apropiada de conmemorar el 60 aniversario de nuestra constitución, alejados de manifestaciones de índole políticas, mencionar datos que todos ustedes conocen pero que entiendo, esta ocasión exige la reflexión sobre los mismos, para el beneficio de futuras generaciones:

Según menciono el Juez Federal Gustavo Gelpí hace apenas unos años, un 25 de julio, parafraseando el sentido profundo de sus respectivas alocuciones con mi propio pensamiento crítico, el concepto de gobierno republicano que tenemos los puertorriqueños no es un concepto abstracto, ni esotérico, sino dicho republicanismo reafirma el concepto de que el ciudadano es el que tiene la última palabra, y no así el Estado. Y como bien esbozó el fallecido Presidente Ronald Reagan, ese principio, no sólamente nos los garantiza nuestra Constitución, sino que la Constitución de losEstados Unidos, a través de la Cláusula de Supremacía, nos garantiza la permanencia de ese cardenal principio de gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Como lo memorializó el Presidente Abraham Lincoln en su discurso de Gettysburg, un 19 de noviembre de 1863, “que nuestro nuevo renacer amparado en la libertad, es para garantizar que el gobierno de la gente, por la gente y para la gente, nunca desaparecerá de la faz de la Tierra”.

Siguiendo el pensamiento del ex Presidente Ronald Reagan y de mi héroe Abraham Lincoln, al igual que la  Constitución de Estados Unidos, la constitución de Puerto Rico provee para un gobierno republicano de tres (3) ramas de gobierno de igual rango constitucionales: ejecutiva, legislativa y judicial. Ninguna tiene más poder que las otras  y entre sí proveen un sistema de pesos y contrapesos con el fin de que siempre la ciudadanía cuestione y sospeche de la concentración de poderes en las tres (3) ramas de gobierno y el peligro que ésto representa a nuestro esquema de libertad ordenada.     Bajo el sistema de gobierno republicano, por el que tantas personas han dado su vida por preservar, cabe señalar que la rama judicial en Puerto Rico, al igual que la de cualquier estado de la Unión, tiene exactamente la misma potestad que en un tribunal federal para interpretar la Constitución de los Estados Unidos, para que todos podamos participar en la administración de la justicia y de ser juzgados por los miembros de nuestra comunidad en casos civiles. La petición que se encuentra en los tribunales de Puerto Rico para que se reconozca la Séptima Enmienda de la Constitución de los Estados  Unidos, es sólo un ejemplo de lo antedicho.

El Juez Asociado Black decía, ante la amenaza que existía de caer bajo las garras del totalitarismo de Mussolini, Hitler, Stalin, Franco y compañía, que mientras exista una Carta de Derechos como la nuestra, el experimento de que las personas se puedan gobernar entre sí siempre existirá sobre la faz de la tierra. Así de importante es nuestro ordenamiento constitucional. Es por eso que hoy, sesenta (60) años después del nacimiento de nuestra Constitución estamos aquí congregados para afirmar que nuestro pueblo no desea invertir el estado natural de quién es el verdadero soberano en nuestro esquema constitucional: el ciudadano, ustedes mis hermanos y hermanas.

También, es importante disipar algunos mitos del Federalismo americano. El Federalismo es, sin lugar a dudas, el guardián de nuestras libertades y nuestros derechos constitucionales, incluyendo los derechos no enumerados al amparo de la Novena y Undécima Enmienda y la Sección 19 de nuestra Carta de Derechos. Todos nuestros derechos los posee el pueblo. En el Federalismo del  2012, le compete al Gobierno Federal y al estado de facto de Puerto Rico, porque con la excepción de áreas ocupadas por la Constitución de los Estados Unidos o por el Congreso, que son los menos y no los más, defender los mismos derechos fundamentales que poseemos bajo la Constitución de los Estados Unidos y la nuestra, como si existiera un sólo ordenamiento constitucional. La nacionalización de nuestros derechos fundamentales, según lo vislumbró el Juez Asociado Hugo Black en el 1947, es nuestra realidad en el 2012. Hablar de derechos en el 2012, sin hablar de derechos que le pertenecen a todos los americanos por razón de su nacionalidad, es faltarle a la veracidad histórica y un acto de  gran irresponsabilidad.

Como ha enfatizado este servidor en reiteradas ocasiones, la época de la segregación constitucional pertenece a las reliquias del pasado. Eso debemos celebrarlo hoy y siempre, como puertorriqueños, como buenos americanos. Hago eco de las palabras del Reverendo Martin Luther King Jr., cuando desde una celda en prisión en Birmingham, Alabama, indicó como palabras proféticas, que nunca más un ciudadano americano se debería sentir como un extranjero en su propia tierra. Con estas palabras podemos dar santa sepultura al nefasto concepto de que por alguna fricción jurídica nuestro pueblo y consecuentemente nosotros, somos extranjeros en nuestra propia nación. Que dicho razonamiento constitucional ‘descanse en paz’.

Como puntos finales, estimo relevante, por la trascendencia de la ocasión y mi alto grado de respeto hacia nuestra historia, recordar, como mencione hace unos instantes, las palabras mágicas que seleccionó nuestra Asamblea Constituyente como preámbulo de nuestra Constitución.

Ordenamos y establecemos esta Constitución… que en el ejercicio de nuestro derecho natural ahora creamos dentro de nuestra unión con los Estados Unidos de América…

Que consideramos factor determinante en nuestra vida la ciudadanía de los Estados Unidos de América y la aspiración a continuamente enriquecer nuestro acervo democrático en el disfrute individual y colectivo de sus derechos y prerrogativas….

Que  también consideramos factor determinante la lealtad de los postulados de la Constitución de los Estados Unidos deAmérica.

También, estimo relevante recordarles a todos nuestros funcionarios públicos, incluyendo en específico a los de la rama judicial, sobre el Artículo IV, Sección 16 de la Constitución de Puerto Rico, la cual exige y cito:

Todos los funcionarios y empleados del Estado Libre Asociado,

sus agencias, instrumentalidades y subdivisiones políticas presentarán antes de asumir las funciones de sus cargos, juramento de fidelidad la Constitución de los Estados Unidos de América y a la Constitución y las leyes del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

Este juramento conlleva el que todos nuestros funcionarios electos, gobernador, legisladores  estatales y municipales, al igual que los funcionarios nombrados por el ejecutivo, los miembros de la judicatura y cualquier empleado del gobierno de Puerto Rico, no importe su rango, están obligados a brindarle lealtad sin reserva mental alguna a ambas constituciones.

Finalmente, a la vez que rendimos tributo a esta Constitución, debemos al igual hacerlo en honor a todos aquellos ilustres congresistas y delegados que tuvieron una gran visión que hoy vivimos y en específico a todos los puertorriqueños que han sacrificado sus vidas por nuestras libertades, a todos ustedes nuestro reconocimiento y profundo agradecimiento.

Exhorto a todos a que conozcan y estudien su Constitución. Difícilmente existe en nuestra historia un documento más importante, ilustrante, didáctico, determinante, en fin, la mejor referencia para un pueblo entender quién es, de dónde viene y hacia dónde va, amparado en sus derechos y libertades, recogidas en nuestra constitución que se diseñó con el fin de garantizar permanentemente a todos los ciudadanos nuestra aspiración colectiva de que todos podamos aspirar “a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Tenemos que atesorar nuestra constitución, es sabiduría que debemos conocer y compartirla con nuestros hijos, con nuestros nietos.  Este valioso documento, en original, es exhibido en la Casa de las Leyes, y los invito a que vayan y lo aprecien. Con nuestra Constitución y sus postulados no podemos fracasar en nuestra gestión histórica. Sin la misma estamos destinados a caer en el abismo. Nuestra marcha para un mejor Puerto Rico no la va detener  nada ni nadie. Hoy nuestra constitución está más viva que nunca.

Hoy, a sesenta (60) años del nacimiento de nuestro experimento constitucional como estado de facto de la Unión Americana, me atrevo a proclamar que con nuestra constitución y con la palabra del Señor en nuestro espíritu, llegaremos a ese destino constitucional.

Nuestra Nación estará pasando por momentos económicos difíciles, pero como bien decía el Reverendo Martin Luther King Jr., nosotros, los puertorriqueños rehusamos aceptar que nuestro banco nacional de justicia esta insolvente.

 

Muchas  gracias.

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