La doble vara

La doble vara

28 de septiempre de 2012 – Ley y ordenOpiniónPolicía – 

“La criminalidad en Puerto Rico ha sido una espiral ascendente desde tiempos de la colonia española”

EL VOCERO / Archivo /

El tema de la criminalidad ha sido un asunto mediático y político de grandes proporciones en el Puerto Rico contemporáneo. Los medios informativos diariamente difunden este tipo de noticias a través de la prensa, la radio y la televisión. Luis Dávila Colón les llama a los noticiarios de la tarde: Obituarios. Y tiene razón. Puerto Rico es mucho más que eso. Puerto Rico tiene un lado alegre en su perfil sociológico que lo vemos a diario en la calle y en centros de trabajo. Ni se diga del periodo navideño. Sin embargo, todo negocio tiene su producto para la venta y la prensa tiene el suyo y lo mercadea bien: el crimen.

No olvido mi reacción de sorpresa el año pasado cuando investigaba periódicos de la década del setenta, como parte de mi libro sobre el origen y desarrollo de la Ley de Juegos de Azar, al ver un anuncio del entonces presidente del Senado Juan Cancel Ríos, informando que se dirigiría al Pueblo a través de la televisión para hablar sobre la imparable ola criminal, que en ese momento azotaba al País.<a
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Por otro lado, recientemente encuentro en mi biblioteca un libro del famoso caricaturista del periódico El Mundo, el yaucano Carmelo Filardi: Una época de historia en caricaturas: selección de caricaturas durante el periodo de 1948-1963. Incluye el libro llamativas caricaturas que describen el Puerto Rico de esos años y, a su vez, señalan el auge vertiginoso de la criminalidad a mediados de la década del cincuenta, a escasos años de la fundación de la Constitución del Estado Libre Asociado.

Además, como un archivo policiaco, nuestra literatura recoge y guarda elementos antisociales y de delincuencia en la historia social de Puerto Rico. La novela La Charca de Manuel Zeno Gandía, que junto a Garduña y El Negocio constituyen la trilogía que Zeno Gandía tituló Crónicas de un mundo enfermo, dibujan un Puerto Rico donde el delito ya es una subcultura en nuestra fibra social y de pueblo.

La criminalidad en Puerto Rico ha sido una espiral ascendente desde tiempos de la colonia española. Desde mucho antes que Águila Blanca, personaje que el historiador Fernando Picó descubrió, con prueba irrefutable, que fue un delincuente que estuvo preso y no un patriota que se fajó a tiros con los americanos en Guánica en 1898, como han querido hacernos creer algunos historiadores que escriben las historias con tinta de calamar.

Lo lamentable es que la criminalidad, sea difundida como noticia o como burdo anuncio político, vende en los noticiarios o pesca votos en la refriega partidista. Lo hemos visto en los últimos meses en el sector político como en el periodístico. Ambos, carentes del análisis de profundidad –el espacio periodístico está lleno de opiniones subjetivas. La opinión es a favor o en contra, y a veces todo lo contrario–, tienen como su medio ecológico la inmediatez. Lo momentáneo. El aquí y el ahora. O sea, el mañana puede esperar y el ayer, por ser muy tarde, no sirve a menos que tenga los efectos mediáticos necesarios y fructíferos para el negocio.

En el sector político el drama tiene caracteres dantescos, además de contradictorios, como vimos en ELVOCERO el pasado martes. El alcalde de Caguas, William Miranda Torres, taciturno en lo analítico y provechoso en la mediocridad, afirmó que en la Ciudad Criolla la criminalidad ha bajado. La afirmación vino acompañada –tal vez sin darse cuenta– con fundamentos no creados por él: estrategias coordinadas con la policía estatal, el coronel Leovigildo Vázquez y las mismas estadísticas de la Policía. Todos, elementos de la actual administración de gobierno, que ha sido consecuente en afirmar que la lucha contra el crimen es tarea de todos, aunque no lo quieran reconocer sectores de la Prensa y el mismo partido donde milita William Miranda Torres. Sin embargo, en su babia perenne, Miranda Torres ha hecho lo que la Prensa y el Partido Popular no han querido hacer: darle la razón a Luis Fortuño en las estrategias elaboradas en la incesante lucha contra el crimen.

Vender un producto requiere imaginación, no necesariamente ética. Ausente esta última, lo vendido puede ser un producto engañoso y una desinformación grave a la ciudadanía. En Puerto Rico la falta de imparcialidad en los medios de comunicación se ha afianzado hasta dominar, casi en su totalidad, el sector periodístico. Y sus consecuencias están a la vista. Han perdido su principal activo: la credibilidad. Es el resultado de la doble vara.

marioramosmendez@yahoo.com

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