Reforma electoral… ¿En serio? – Por Thomas Rivera Schatz, Ex presidente del Senado

Reforma electoral… ¿En serio?

Reforma es la modificación, el intento de innovación para mejorar algo.

Por Thomas Rivera Schatz, Ex presidente del Senado

El desgobierno popular, en su improvisación y pánico electoral, sugiere nada más y nada menos que una “Reforma electoral” en Puerto Rico. Sí, pretenden ahora un cambio sustancial al Código Electoral que nadie ha pedido y que no hace falta. ¿Cuál es el significado del término “reforma”? Es prudente que comprendamos este término para ver más claro el intento vicioso del Partido Popular en esta gestión de, literalmente, “cambiar las reglas del juego”. Cuando más dividido está Puerto Rico y hasta el propio Partido Popular internamente, en asuntos cardinales como status y candidaturas, quieren “trastear” el instrumento que tienen de los electores para cambiar y sacar un gobierno tan incompetente como el de turno.

Reforma es la modificación, el intento de innovación para mejorar algo. Es en esencia, la transformación que procura fortalecer, perfeccionar, lo que promueve que algo prospere, avance, progrese. Ahora bien… ¿Hay algo de eso en esta “reforma electoral popular”? Por supuesto que no. Las Reformas al Código Electoral deben ser producto del consenso de una discusión sosegada y un análisis profundo de todos los actores de la política en Puerto Rico. Eso no ha ocurrido y no se producirá porque no hay buena fe en esta mal llamada “reforma electoral”.
La razón es obvia, todo el liderato popular sabe a conciencia que Alejandro García Padilla ha ubicado a la colectividad en ruta a una desastrosa derrota electoral. Sí, están claros que perderán gobernación, la comisaría en Washington, la Cámara, el Senado y muchísimas alcaldías.

Escucharemos planteamientos de que en el pasado se ha modificado la Ley Electoral sin consenso. Nada más lejos de la verdad. Una “reforma” es muy distinta a introducir enmiendas a la Ley Electoral. ¿A qué me refiero? Nuestro
ordenamiento electoral provee para que después de cada elección general, la Comisión Estatal de Elecciones (CEE) elabore y presente un informe sobre las incidencias y experiencias de ese último evento a la Asamblea Legislativa de modo que se evalúe introducir enmiendas de carácter técnico, se revise la asignación de fondos para procurar una utilización más efectiva en el futuro y obvio, garantizar la pureza electoral cada vez con mayor rigor.
En Puerto Rico, tenemos un Sistema Electoral predicado en la desconfianza.

¿Por qué es así? Pues porque es la forma de lograr la pureza en los procesos. La fiscalización entre partidos y candidatos o candidatas pretende evitar el fraude, la trampa, el engaño. Esa estructura de funcionarios electorales en todos los niveles, desde el colegio de votación hasta la misma mesa donde se sienta el Presidente de la CEE, crea las condiciones para que se confíe en los resultados electorales. Una vez estampan su firma en las actas y documentos electorales están dando fe, acreditando que los resultados se ajustan a lo acontecido en el evento electoral. Es ahí donde se transforma ese sistema predicado en la desconfianza en un instrumento de confianza para los puertorriqueños. Por esa razón, cuando en ocasiones escucho a un “lego” hablar negativamente de las “empresas” que manejarán las computadoras para meter miedo y crear un caos, me indigno porque esa premisa subestima la capacidad de nuestros funcionarios electorales.

Si hay sistema electrónico de votación y escrutinio ello no implica que no habrá funcionarios. Siempre habrá funcionarios electorales y doy fe que los de mi partido son los mejores. Los funcionarios electorales del PNP son custodios y centinelas infalibles y superiores a cualquier “software” venga de Venezuela, China o Rusia. Mi partido inició la “mecanización” de los procesos electorales por eso no hace sentido oponerse a ello. Ahí no está el problema.

La mala fe y la desesperación en el PPD es evidente cuando quieren “traquetear” con la fecha de la selección de los candidatos en primarias; cuando pretenden cambiar las reglas de recaudación y financiamiento de las campañas para arrimar la brasa a su sardina en claro perjuicio a los partidos de oposición. Quieren limitar la fiscalización de las campañas inclusive. Nadie ha pedido una “reforma electoral”. No lo ha pedido la CEE ni los partidos políticos. No hace falta. Todo ese intento es consistente con aquello de “divide a tu enemigo y vencerás”. Se trata de por un lado dividir, por otro eliminar suministros y con el gobierno popular fabricar casos, perseguir y mancillar reputaciones. Eso es lo que nos espera en la campaña del 2016.

No debemos confiarnos. Sólo si nos preparamos los vencemos. No hay primaria en el PNP, sea en marzo o en junio, que salve al PPD de la derrota que recibirán en noviembre del 2016. Esa fecha, la de las elecciones, no la podrán cambiar. En el 2016, nos vemos en las urnas y eso sí que es en serio.

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