Pellizcos de estadidad – Por: Ángel ‘Gary’ Rodríguez, representante del PNP

Pellizcos de estadidad

Uno de los ejemplos de esta nueva política de ‘pellizcos de estadidad’ sucedió en febrero cuando Jaime Perelló y Eduardo Bhatia, junto a García Padilla, cerraron filas con el Comisionado Residente
Chattanooga Shooting-Navy Officer Funeral

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Por Columnistas, EL VOCERO

Por: Ángel ‘Gary’ Rodríguez, representante del PNP

A través de la historia, las grandes crisis económicas han servido de génesis a singulares iniciativas que, aun contando con un gran atractivo, provienen de conceptos encontrados que finalmente evitan que tengan una permanencia estratégica en la sociedad. El Puerto Rico de hoy es un ejemplo clásico de este paradigma político.

Ante lo que muchos reconocemos como la peor crisis fiscal y económica en los últimos 80 años, la actual administración ha decidido crear un nuevo concepto geopolítico el cual hemos llamado ‘pellizcos de estadidad’.

Desde que el gobernador Alejandro García Padilla asumió las riendas de la Isla en enero de 2013, su administración ha coqueteado intensamente con la estadidad como ningún otro gobierno del Partido Popular Democrático en la historia.

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Uno de los Mejores Legisladores de Puerto Rico

García Padilla y el liderato popular de turno han visto la estadidad como la única salvación para nuestra gente, para nuestro pueblo, nuestro futuro; aunque públicamente no lo admitan. En nuestros campos hay un refrán muy conocido: ‘las acciones hablan más que mil palabras’ y las movidas de esta administración son hacia una sola dirección: la estadidad.

García Padilla y las delegaciones populares en la Asamblea Legislativa se han unido a los esfuerzos de nuestro Comisionado Residente, Pedro Pierluisi, en la búsqueda de la igualdad.

Uno de los ejemplos de esta nueva política de ‘pellizcos de estadidad’ sucedió en febrero cuando Jaime Perelló y Eduardo Bhatia, junto a García Padilla, cerraron filas con el Comisionado Residente para solicitar al Congreso vuelva a cobijar al gobierno local y sus corporaciones públicas en el Capítulo 9 de la Ley de Quiebras federal.

Más reciente, en el pasado mes de junio, se unieron para pedir que se establezca igualdad en la asignación de fondos federales en el programa Medicare Advantage.

Los pedidos de igualdad por parte del PPD no se han circunscrito a actual liderato, ya que el exgobernador Aníbal Acevedo Vila, ningún fanático de la estadidad, ha pedido que los Estados Unidos nos provea la igualdad para asistir en la crisis.

Incluso, el Director Ejecutivo de la Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico (PRAFA), Eugenio Hernández Mayoral, se la pasa enviando comunicados de prensa diciendo que quiere paridad de fondos con los demás estados.

Sin nada de hablar de los reclamos populares por la igualdad en asignaciones para nuestros veteranos, para el manejo de desperdicios y hasta para programa de rehabilitación de carreteras.

Todos buscan la estadidad, lo que pasa es que no quieren admitirlo porque entonces no existiría ninguna razón para que administren la colonial.

El paradigma estriba en que mientras reclaman la igualdad se la pasan desembolsando millones de dólares en fondos públicos para cabildear en contra de la estadidad, la única plataforma política que garantiza el mismo trato para todos los ciudadanos Americanos que residen en Puerto Rico.

Estas ‘pellizcos de estadidad’ no tendrán ninguna resonancia a largo plazo pues carecen de la profundidad política necesaria para mantenerse. Al final del día, el gran perdedor será nuestro pueblo.

Es hora que el PPD deje atrás ese concepto y reclame con nosotros la igualdad, la estadidad.

Considere por un momento…

El obvio problema es el Estatus político colonial y territorial de la isla
Congress

AP
Por Columnistas, EL VOCERO

Considere por un momento el efecto en la historia del planeta (y nuestras vidas) si en medio de las luchas de derechos humanos y civiles en Sudáfrica y en el sur de los Estados Unidos, Nelson Mandela y Martin Luther King hubieran accedido a participar en los inventos pseudo-democráticos de sus victimarios.

Imagínese que en vez de dar la lucha por el derecho al voto, uno hasta la encarcelación y el otro hasta ser asesinado, hubieran aceptado las tan comentadas “sillas” en la mesa de diálogo y hasta un mínimo de poder politico.

¿Qué hubiera resuelto ésto?  Nada.

Afortunadamente, estos dos pilares de la democracia y derechos civiles sabían que solo el concepto de “un hombre, un voto” podría eventualmente liberar a sus hermanos(as) Africanos y Americanos de regímenes minoritarios, abusivos y violentos.

Ambos Mandela y King supieron identificar a tiempo los mecanismos condescendientes e inmovilistas de represión que intentaban controlar el creciente malestar de sus pueblos y perpetuar el Apartheid y la Segregación, respectivamente.

Ahora considere por un momento el mayoritario y también creciente grupo de Puertorriqueños de diversos partidos políticos quienes se quejan y enfrentan un grave problema que les priva de sus derechos, los mantiene en la pobreza e impide su desarrollo en múltiples areas.

El obvio problema es el Estatus político colonial y territorial de la isla.

¿Qué ofrecen al pueblo algunos líderes del gobierno de turno? La Asambla de Estatus.

Con todo lo anterior en mente, es fácil ver que la propuesta Asamblea de Estatus (antes constitucional, constituyente y otras vertientes) nace de las mismas ideas que dan vida al Apartheid y Segregación.

Este propuesto mecanismo político intentaría trasladar el tema más importante que enfrenta Puerto Rico de las manos del elector a las manos de supuestos “representantes”.

Algunos defensores de la Asamblea de Estatus sin falta me señalan que dicho mecanismo dió vida a los Estados Unidos de América. A ésto les comento que hace 200 años, en un mundo con más racismo, más machismo, menos derechos, menos comunicación, menos organización, menos infraestructura, menos tecnología y decenas de problemas adicionales, quizás una asamblea tenía sentido.

Hoy día en Puerto Rico hemos progresado y evolucionado hacia el derecho al voto directo y estamos mucho más adelantados que esos Estados Unidos de América de hace 200 años.

Además y a orgullo, es nuestra tradición llevar todo aquello importante directamente al pueblo. Entonces, ¿por qué retroceder en éste aspecto?

Será que los que proponen La Asamblea de Estatus asumen que el votante no tiene la capacidad de decidir, para bien o para mal, lo que será su futuro?

Será que los proponentes ven una clara tendencia hacia la descolonización en recientes eventos electorales e intentan frenar dicha tendencia?

O será que algunos proponentes de la Asambla de Estatus tienen intereses económicos que se perpetúan con el estatus colonial?

Yo no pretendo contestar lo anterior, pero si pienso que la Asamblea de Estatus quitaría poder a la mayoría, llegando a acuerdos que no la representan. También sospecho que daría más poder de negociación a aquellos que no lo tienen, otorgando sillas de igual peso en la mesa a grupos que no representan al electorado.

Seamos honestos con nosotros mismos, La Asamblea de Estatus parece ser el embeleco perfecto, con una alta posibilidad de resolver temas solo para los que la componen y nadie más.

Me parece que con la Asamblea de Estatus, los inmovilistas que residen en todos los partidos políticos de la isla, pretenderían que el pueblo de mil vueltas para llegar al mismo sitio y que con esa frustración y parálisis, se detenga la resolución del Estatus.

Además, nefasta y peligrosamente, me temo que la propuesta Asamblea de Estatus es un paso que sutílmente aleja a los Puertorriqueños de su vital derecho al voto directo.

Considere por un momento lo que le sucedió a los Estadounidenses en la elección Bush vs. Gore del 2000. El colegio electoral, un sistema de voto representativo e indirecto, similar a la Asamblea de Estatus, otorgó la presidencia a Bush aún cuando Gore ganó el voto directo del pueblo. Como resultado, Bush declaró guerra contra el país equivocado y perdió el control del déficit y la deuda del gobierno federal.

Un pueblo no aprende si no puede celebrar aciertos o pagar las consecuencias por sus errores en las urnas. Si queremos progresar como Puertorriqueños, es vital que no cedamos nuestro derecho al voto directo.

Estoy convencido que la Asamblea de Estatus nos privaría de derechos, libertad y posibilidad real de mejoría e igualdad. Yo no doy mi consentimiento a la Asamblea de Estatus y ningún Estadista, Independentista o Soberanista en esa mesa me representa.

Soy producto de la escuela graduada de la Universidad de Nueva York y cuento con más de 20 años de experiencia en mi campo profesional. Soy esposo y padre y tengo el derecho a decidir lo mejor para mí y para mi familia.

A mí, me dicen dónde y cuándo y me dan una papeleta.
Considere por un momento que ésto es lo único que hubieran exigido y aceptado Martin Luther King y Nelson Mandela.

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