5 plátanos por 2 pesos – Por: Andrés L. Córdova, Profesor de Derecho UIAPR

{LMM decía que a los Puertorriqueños los nueve el miedo. El principal asesor político del PPD, Joseph Napolitan ( Lea en el Link Libros Cómo Ganar Elecciones) establece que a corto plazo la mentira impacta más que la verdad, que es más fácil convencer con el No a con el Sí, o con lo negativo a lo positivo. Por eso el PPD usa la mentira repetida de que la Estadidad es mala porque quebraría a Puerto Rico. Mintiendo al publicar repitiendo y repitiendo que la Estadidad destruiría la cultura, eliminaría el Comité Olímpico y el Miss Universo, o que caería nieve. Con el Tax, Tax, Tax de la envejeciente embustera, o con el Alcalde de Isabela diciendo por WAPA Radio que en Puerto Rico las carreteras son mejores a los Estados, los del PPD han llenado de miedos a cada vez menos Puertorriqueños. Pero el PNP Siempre ha sido incapaz o limitado de educar con la Verdad sobre la Estadidad.}

5 plátanos por 2 pesos

Este fue el razonamiento subyacente en la viciosa legislación tributaria contra Walmart a principios de este año, o en la fijación proteccionista del precio del café por DACO el año pasado

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EL VOCERO / Archivo.           15 de julio del 2016

Por: Andrés L. Córdova, Profesor de Derecho UIAPR

Este pasado 4 de julio mi hijo mayor, quien se encuentra en Boston, fue al supermercado a comprar unos plátanos para hacerse unos tostones. Encontró la oferta de 5 plátanos por $2.00. Esta oferta contrasta con la oferta en el colmado al cual comúnmente voy aquí en San Juan que tiene esta semana 2 plátanos por $1.99. La discrepancia en los precios del plátano pone de sobre aviso sobre el alarmante costo de vida en Puerto Rico. Sin duda que debe haber razones económicas que expliquen la diferencia del precio del plátano entre ambas ciudades: un incremento en la oferta debido a una sobreproducción en República Dominicana o Centroamérica, exportadores principales del producto a los Estados Unidos; una merma en la demanda del farináceo por los sectores caribeños Economy Logoen la ciudad de Boston contrastado con una demanda fija por el plátano en la dieta del puertorriqueño; quizás, alguna reducción en los costos de producción; tal vez un margen de ganancia desproporcional de algunos de los vendedores en la cadena de distribución mercantil. La lista de posibles razones es interminable.

Merece notarse que a los plátanos importados a los Estados Unidos (y por tanto a Puerto Rico) de países extranjeros no le aplican las leyes de cabotaje, razón por la cual los costos de flete marítimo se rigen por el mercado internacional. Es decir, el costo del plátano puesto en el muelle de San Juan y en la ciudad de Boston lo determina la mano insolente -digo, invisible- del mercado, y no la protección federal de la marina mercante y los trabajadores portuarios de la costa este de los Estados Unidos.

Como sabemos, el plátano es uno de los pocos productos agrícolas que se producen con cierto grado de éxito en Puerto Rico para el consumo de nuestro mercado insular. La producción, sin embargo, no cubre la demanda y aún es necesario importarlo de la República Dominicana y Centroamérica. Más aún, el costo de producción y venta del plátano nativo es mayor que el plátano importado. Este es el caso para la inmensa mayoría de nuestra producción agrícola.
 

Las recientes y continuas controversias judiciales y administrativas sobre el precio del café y la leche son vivos ejemplos de cómo al sector agropecuario de nuestra economía -por no hablar de otros sectores- se le hace difícil competir sin intervención gubernamental, para bien y para mal. Toda intervención gubernamental en la economía viene con un costo, entre ellos, clientelismo político, desincentivación de la libre empresa, incremento en los costos para los consumidores y la corrupción gubernamental. Esta precisamente es la debilidad político-económica de los promoventes de la libre asociación/independencia para Puerto Rico cuando reclaman protecciones tarifarias de aquellos productos que compiten con los producidos aquí. Al final del día este modelo económico promueve -contradictoriamente- la no competitividad, altos costos de producción y consumo, y pobreza generalizada. En este contexto recordemos los proyectos fracasados de la caña y arroz tan pregonados al principio del cuatrienio de la administración de García Padilla.

Algunos argumentan que tal intervención protege empleos y sectores económicos que de lo contrario se verían indefensos frente a la competencia internacional que reduce sus márgenes de ganancia en búsqueda de volumen de negocios. Este fue el razonamiento subyacente en la viciosa legislación tributaria contra Walmart a principios de este año, o  en la fijación proteccionista del precio del café por DACO el año pasado. Es cierto que la realidad histórica es que todo país ha defendido en algún momento sus sectores económicos de sus percibidas amenazas, la más de las veces sin éxito. La turbulencia del voto de Brexit es tan solo un ejemplo reciente en esta larga y conflictiva historia. Al final del día el efecto neto es que el ciudadano tiene que pagar más por menos.

De lo que se trata, como en tantos otros renglones de la vida, es del ejercicio del buen juicio, de la capacidad de medir con prudencia los costos y beneficios de las alternativas ante nosotros. Mientras tanto, en un ejercicio de sincretismo culinario, me como un “hot dog”, unos buenos tostones y un pedazo de “apple pie”.

COLUMNISTAS, EL VOCERO

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