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En las elecciones de medio término en los Estados Unidos, donde toda la Cámara federal se renueva y el 33% del Senado también, se eligieron personas que pueden impactar la realidad política de Puerto Rico. Gobernadores y legisladores estatales también formaron parte del juego político. La redistribución electoral permitió que los resultados fueran diversos. Sin embargo, aparte de la división sociológica que hay en la nación entre blancos y grupos minoritarios, la nueva realidad podría tener impacto en la actual condición política de Puerto Rico.

La puertorriqueña Alexandria Ocasio Cortés se convirtió en la mujer más joven en ser elegida al Congreso. Con solo veintinueve años la demócrata socialista sacó casi el 80% de los votos. Ella, reiteradamente, ha afirmado que los ciudadanos americanos que vivimos en Puerto Rico tenemos una ciudadanía de segunda clase y que no disfrutamos de la igualdad política de la que disfrutan los que viven en los cincuenta estados de la Unión. Por otro lado, en el sur de la Florida, Donna Shalala —ex secretaria de Salud durante la administración de Bill Clinton y amiga de Carlos Romero Barceló— fue elegida cómodamente para ocupar un escaño en el Congreso.

Dos nativas americanas fueron electas al Congreso: Sharice Davids, de la tribu Ho-Chunk en Kansas, y Deb Haaland de Nuevo México. Davids es abogada y abiertamente lesbiana. También compitió profesionalmente en artes marciales mixtas. Ambas, que son demócratas, se unen al congresista republicano de Oklahoma, el nativo americano, Tom Cole. Son tres miembros que conocen de cerca el prejuicio y saben por experiencia y conocimiento directo lo que es la falta de representación y el déficit de derechos igualitarios.

Estas son personas que pertenecen a grupos minoritarios en Estados Unidos y que conocen de primera mano lo que es el prejuicio y la falta de derechos. Y se unen a otro grupo de actores que tienen conocimiento directo de la realidad política puertorriqueña, de la falta de derechos y de las desigualdades políticas y económicas que tienen los ciudadanos americanos que viven en esta isla.

Rick Scott, por ejemplo, —que es el gobernador de Florida y quien podría ser el nuevo senador por ese estado— hizo un compromiso por apoyar la estadidad para Puerto Rico. Así se lo hizo saber a Carlos Romero Barceló. A Scott, cuya elección pende de un recuento, lo respaldaron una gran cantidad de líderes de Puerto Rico: Jenniffer González, Thomas Rivera Schatz, Johnny Méndez y José Aponte, entre otros. Su presencia en el Senado —junto con la de Marcos Rubio, también senador por Florida— tendría efectos directos sobre Puerto Rico. A ellos se les une el excandidato presidencial por el Partido Republicano, Mitt Romney, quien en 2012 se comprometió con adelantar la igualdad política en Puerto Rico, y fue electo senador por el estado de Utah.