El recodo a la igualdad – Por Mario Ramos

NR – Entiendo que la Estadidad está hoy más cerca que Nunca. Pompy

El recodo a la igualdad

PNP
Archivo / EL VOCERO

Para las elecciones de 1968 el entonces gobernador, Roberto Sánchez Vilella, dijo unas palabras lapidarias que se ajustan a cualquier circunstancia política en estos tiempos: “El Partido Popular, que una vez representó al campesino, al trabajador, al maestro, al policía, hoy representa a los bancos, a las industrias, a los grandes intereses económicos. Yo les digo más. Yo les digo que el Partido Popular no solo representa a estos grandes intereses económicos, sino que está hipotecado con ellos, con deudas que suman más de un millón de dólares.”

Salvo el color y el nombre, con el tiempo el PNP se colonizó al igual que el Partido Popular, pues desde Luis Fortuño dentro de dicho partido pulula una camarilla de asesores y compromisarios de los grandes intereses que solo buscan el beneficio del gran capital en detrimento de los mejores intereses de los puertorriqueños. Estos asesores son personas desleales, de bolsillos llenos y no tienen freno a la hora de pasar factura, pues a su vez son cabilderos de estas grandes compañías que se ganan billones al año y solo pagan una miseria en contribuciones al fisco.

Estas políticas se desarrollaron durante los años cuarenta. Fue una idea de Teodoro Moscoso, el gran arquitecto industrial de Puerto Rico. Crearon crecimiento económico, pero no desarrollo. Dos conceptos que se parecen, pero son distintos. El crecimiento es el aumento en la riqueza per cápita, aunque sea responsabilidad de un muy pequeño sector y el resto se mantenga igual. En cambio, el desarrollo es un fortalecimiento en la economía que deviene en creación de empleos y beneficios, y mejor calidad de vida para la población en general.

Los beneficios contributivos para las grandes compañías extranjeras se convirtieron en un recodo para la igualdad. Por eso, en conversación con Teodoro Moscoso y Sol Luis Descartes —este último que deseaba que contribuyeran al fisco como corresponde— Muñoz acogió la idea de Moscoso al ser convencido que los beneficios contributivos “ayudaban a detener la estadidad”. O sea, en el sustrato hay un elemento ideológico que el Partido Popular ha sabido jugar y le ha rendido frutos políticos, aunque a nivel económico son más los beneficios que estas compañías obtienen que la contribución a la economía que hacen.

Luis Fortuño, primero, y Ricky Rosselló, después, sirvieron de serviles amanuenses a estas compañías otorgándoles beneficios desmedidos en detrimento del pueblo y de la esencia misma del PNP. En 2016, estas corporaciones reportaron a Hacienda ventas de $97 billones de un ingreso tributable de unos $45 billones. De ese ingreso entonces pagaron casi 4% de arbitrio especial sobre las transferencias de activos intangibles entre la empresa matriz en los estados y la subsidiaria en Puerto Rico; o sea, los $1.8 billones la empresa matriz en los estados lo reporta al IRS como pago de contribuciones con derecho a acreditarse 100% contra su responsabilidad contributiva federal. Un negocio redondo para ellas, pero un engaño mayúsculo para el pueblo.

Cuando se presentó en el Congreso el proyecto de reforma fiscal, había la intención de incluir a Puerto Rico, lo que nos hubiera convertido en un territorio incorporado y los reintegros por radicación de planillas federales saltarían a la vista y la cantidad de fondos federales iría en incremento. Hoy día, la ruta a la igualdad política sería más corta. Sin embargo, Ricky Rosselló —sin encomendarse a nadie y por recomendación de sus amigos y asesores— se metió en las oficinas de cada congresista que pudo para abogar por créditos contributivos para los grandes intereses y no para el pueblo. En su torpe cabildeo quemó los puentes de comunicación y ayuda entre Puerto Rico y los actores de poder en Washington, con el saldo neto de afectar nuestra imagen de manera casi irreparable.

La persona que como gobernante —con evidente arrogancia— transitaba por las calles con cinco guaguas negras, una patrulla de la policía y dos motoras, malogró el bienestar de Puerto Rico y afectó la igualdad política por los próximos veinticinco años, al menos. El pobre, el trabajador, la madre soltera, el envejeciente, y el jubilado, no están en los intereses inmediatos del muchacho que se fue, ni del actual liderato del PNP. La figura jurídica del contrato, además de ser una realidad folclórica cuando suben al poder, se ha convertido en una palabra soez, y los grandes intereses que dictan de manera dura lo que les conviene a sus bolsillos —aunque el pueblo sufra en carne propia sus devastadores efectos— han hipotecado —como al Partido Popular en 1968— al que una vez fue el partido de la estadidad.

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Mario Ramos

Mario Ramos, Historiador Sigue this search

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