Muñoz el americano

Luis Muñoz Marín

Tomo el título prestado del excelente libro del amigo Gregorio Igartúa de la Rosa, Muñoz el americano, que cita correctamente las múltiples veces que el fundador del PPD defendió los valores del pueblo, que incluye las instituciones del gobierno federal y nuestra ciudadanía: “El significado moral y hondo de la ciudadanía de los Estados Unidos es que en ella reside en forma inmanente la devoción por la libertad, la consagración de la democracia, el respeto profundo a la dignidad del ser humano”.

El 30 de septiembre de 1943, en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial, Luis Muñoz Marín escribe una carta que ha pasado desapercibida: “… He creído necesario llamar la atención de todos los Comités Municipales al efecto de que debe observarse en todos los casos —ahora se observa solamente en algunos— la costumbre de colocar la bandera de los Estados Unidos además de la de nuestro partido en todos nuestros actos públicos, así como en los organismos locales y rurales”.

Desde la década del cuarenta el pensamiento político de Luis Muñoz Marín fue de completo rechazo a la separación de Puerto Rico de los Estados Unidos. Durante la Convención Constituyente fue enfático en la defensa de los valores del pueblo y de las figuras jurídicas y políticas representativas del gobierno federal que aquí conviven. No tuvo reparos en decir al final de los trabajos que: “No somos proamericanos, somos ciudadanos americanos. No nos cobija la ciudadanía americana. La ciudadanía americana la llevamos dentro”.

Debemos recalcar que Luis Muñoz Marín fue el presidente de la Comisión de Preámbulo de la Convención Constituyente. Por eso, él también tiene una relación paterno-filial con las oraciones lapidarias de dicho preámbulo: “Que consideramos factores determinantes en nuestra vida la ciudadanía de los Estados Unidos de América y la aspiración a continuamente enriquecer nuestro acervo democrático en el disfrute individual y colectivo de sus derechos y prerrogativas; la lealtad a los postulados de la Constitución Federal; la convivencia en Puerto Rico de las dos grandes culturas del hemisferio americano”. Con ello el biculturalismo adquirió carácter constitucional.

Con la Constitución del ELA, Puerto Rico comenzó a operar como un estado en asuntos internos. Aunque el Congreso de los Estados Unidos sigue teniendo el control por virtud del Artículo IV, Sección 3, cláusula 2 de la Constitución —la conocida cláusula territorial—, a nivel interno se dio un cambio. Fue la primera vez en la historia que el Congreso legisló para que uno de sus territorios tuviera una constitución con una carta de derechos y un gobierno de forma republicana.

A ese cambio algunos juristas le llamaron el “estado embrionario.” (Véase a Efraín Rivera Pérez, Puerto Rico – tres caminos hacia un futuro: análisis jurídico). O sea, un anticipo de la estadidad. Por su parte, Rafael Hernández Colón, en su libro Estado Libre Asociado: Naturaleza y Desarrollo, entiende que lo logrado en 1952 cumple cabalmente con los requisitos de un acta habilitadora para el ingreso formal de Puerto Rico como un estado de la Unión.

Carta de Luis Muñon Marín

En el cuarto aniversario de la “ley de bases” —como algunas veces José Trías Monge llamó al ELA—, el vate del estadolibrismo pronunció un discurso en evidente homenaje a la ciudadanía de los Estados Unidos. Con ello, Luis Muñoz Marín se reafirmaba como el mayor defensor de la ciudadanía americana en toda la historia de Puerto Rico. Creo que él y Rafael Hernández Colón —más que cualquier líder del PNP— son los que más la han defendido. Fue genial su frase de “la diversidad dentro de la unidad”, que es la realidad de la nación americana, y para explicar el fenómeno del amor del puertorriqueño por esta figura jurídica con caracteres de valor cultural. Es una metáfora que puede extrapolarse, sin problemas, a la alternativa de la estadidad.

En 1960, en vistas congresionales para enmendar la Constitución de los Estados Unidos y que los ciudadanos americanos de Washington D.C. pudieran votar por su presidente, Luis Muñoz Marín afirmó que todo ciudadano debería tener el derecho a votar no importa su lugar de residencia. Igualmente se pronunció para el plebiscito de 1967.

Al final de sus días, él y Fernós estipularon que por ser ciudadanos americanos los Estados Unidos también es nuestro país. (Véase Héctor Luis Acevedo, Ed., Dr. Antonio Fernós Isern: de médico a constituyente). Una verdad como un templo, pues nuestra nación comienza en el caribe insular y termina en medio del océano pacífico, aunque los actuales líderes de su partido no lo reconozcan, pues echaron en el zafacón el ideario político de su padre fundador.

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Mario Ramos Méndez

Mario Ramos, Historiador Follow this search

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Tomo el título prestado del excelente libro del amigo Gregorio Igartúa de la Rosa, Muñoz el americano, que cita correctamente las múltiples veces que el fundador del PPD defendió los valores del pueblo, que incluye las instituciones del gobierno federal y nuestra ciudadanía: “El significado moral y hondo de la ciudadanía de los Estados Unidos es que en ella reside en forma inmanente la devoción por la libertad, la consagración de la democracia, el respeto profundo a la dignidad del ser humano”.

El 30 de septiembre de 1943, en pleno apogeo de la Segunda Guerra Mundial, Luis Muñoz Marín escribe una carta que ha pasado desapercibida: “… He creído necesario llamar la atención de todos los Comités Municipales al efecto de que debe observarse en todos los casos —ahora se observa solamente en algunos— la costumbre de colocar la bandera de los Estados Unidos además de la de nuestro partido en todos nuestros actos públicos, así como en los organismos locales y rurales”.

Desde la década del cuarenta el pensamiento político de Luis Muñoz Marín fue de completo rechazo a la separación de Puerto Rico de los Estados Unidos. Durante la Convención Constituyente fue enfático en la defensa de los valores del pueblo y de las figuras jurídicas y políticas representativas del gobierno federal que aquí conviven. No tuvo reparos en decir al final de los trabajos que: “No somos proamericanos, somos ciudadanos americanos. No nos cobija la ciudadanía americana. La ciudadanía americana la llevamos dentro”.

Debemos recalcar que Luis Muñoz Marín fue el presidente de la Comisión de Preámbulo de la Convención Constituyente. Por eso, él también tiene una relación paterno-filial con las oraciones lapidarias de dicho preámbulo: “Que consideramos factores determinantes en nuestra vida la ciudadanía de los Estados Unidos de América y la aspiración a continuamente enriquecer nuestro acervo democrático en el disfrute individual y colectivo de sus derechos y prerrogativas; la lealtad a los postulados de la Constitución Federal; la convivencia en Puerto Rico de las dos grandes culturas del hemisferio americano”. Con ello el biculturalismo adquirió carácter constitucional.

Con la Constitución del ELA, Puerto Rico comenzó a operar como un estado en asuntos internos. Aunque el Congreso de los Estados Unidos sigue teniendo el control por virtud del Artículo IV, Sección 3, cláusula 2 de la Constitución —la conocida cláusula territorial—, a nivel interno se dio un cambio. Fue la primera vez en la historia que el Congreso legisló para que uno de sus territorios tuviera una constitución con una carta de derechos y un gobierno de forma republicana.

A ese cambio algunos juristas le llamaron el “estado embrionario.” (Véase a Efraín Rivera Pérez, Puerto Rico – tres caminos hacia un futuro: análisis jurídico). O sea, un anticipo de la estadidad. Por su parte, Rafael Hernández Colón, en su libro Estado Libre Asociado: Naturaleza y Desarrollo, entiende que lo logrado en 1952 cumple cabalmente con los requisitos de un acta habilitadora para el ingreso formal de Puerto Rico como un estado de la Unión.

Carta de Luis Muñon Marín

En el cuarto aniversario de la “ley de bases” —como algunas veces José Trías Monge llamó al ELA—, el vate del estadolibrismo pronunció un discurso en evidente homenaje a la ciudadanía de los Estados Unidos. Con ello, Luis Muñoz Marín se reafirmaba como el mayor defensor de la ciudadanía americana en toda la historia de Puerto Rico. Creo que él y Rafael Hernández Colón —más que cualquier líder del PNP— son los que más la han defendido. Fue genial su frase de “la diversidad dentro de la unidad”, que es la realidad de la nación americana, y para explicar el fenómeno del amor del puertorriqueño por esta figura jurídica con caracteres de valor cultural. Es una metáfora que puede extrapolarse, sin problemas, a la alternativa de la estadidad.

En 1960, en vistas congresionales para enmendar la Constitución de los Estados Unidos y que los ciudadanos americanos de Washington D.C. pudieran votar por su presidente, Luis Muñoz Marín afirmó que todo ciudadano debería tener el derecho a votar no importa su lugar de residencia. Igualmente se pronunció para el plebiscito de 1967.

Al final de sus días, él y Fernós estipularon que por ser ciudadanos americanos los Estados Unidos también es nuestro país. (Véase Héctor Luis Acevedo, Ed., Dr. Antonio Fernós Isern: de médico a constituyente). Una verdad como un templo, pues nuestra nación comienza en el caribe insular y termina en medio del océano pacífico, aunque los actuales líderes de su partido no lo reconozcan, pues echaron en el zafacón el ideario político de su padre fundador.

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