Carta Aclaratoria a la Distinguida Escritora Elsa Tió – “Origen y Colores de Nuestra Bandera” – Por Wilfredo Santiago—Valiente, Ph.D.

Carta Aclaratoria a la Distinguida Escritora Elsa Tió en Ocasión de la Publicación de su Artículo

“Origen y Colores de Nuestra Bandera” en la Revista Cultural Mensual El Adoquín Times

Wilfredo Santiago—Valiente, Ph.D.

          Agradezco en lo que vale haberme enviado su artículo en El Adoquín Times (Dic. 2020) en torno al origen y los colores de nuestra bandera. Ciertamente hay, y ha habido, mucha confusión y controversia en torno a dicho origen y, sobre todo, al tono de azul—si obscuro o celeste—de la misma. Siento no tener a la mano las referencia en las Obras Completas de la ilustre Lola Rodríguez de Tió sobre la cual basa su convicción que doña Lola, en sus célebres tertulias en su pueblo natal de San German, durante su exilio en La Habana, Cuba (1888-1896) y, sobre todo, durante su breve estadía en Nueva York {julio de 1896-enero de 1899) luego de fundada en 1895 la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano promovió la adopción en nuestra Isla de la bandera de Cuba con sus colores invertidos. Este dato, claro está, no debe necesariamente estar en controversia. Lo que sí creo puede ser fuente de confusión, y un serio equívoco histórico, implicar que la distinguida poetisa haya fomentado y/o insinuado en sus tertulias, o escritos, el uso del azul celeste, y no el obscuro, de la bandera cubana.

          Desafortunadamente coexisten hoy en la cotidianidad y, peor aún a mi parecer, en la voluble psiquis colectiva del puertorriqueño, dos banderas: la (oficial) tomada de la cubana con sus colores invertidos, incluyendo su color azul “obscuro”, identificada por algunos sectores con la estadidad, por un lado, y, por otro, la bandera cubana con los colores invertidos, pero con el azul “celeste” de la bandera cosida por Mariana Bracetti en ocasión del Grito de Lares hoy enarbolada por  aquellos que promulgan la independencia.

          No creo, sin embargo, que esta última versión haya sido la bandera propuesta, mucho menos concebida, por doña Lola en sus tertulias. En tanto en cuanto el exilio puertorriqueño de fines de siglo XIX en Nueva York, organizado en la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano bajo el liderato del insigne medico ponceño José Julio Henna, adopto–con el “visto bueno” del Dr. Betances desde Paris–la bandera de Cuba con sus colores invertidos, el asunto a dilucidar debe ser de cómo y porque grupos separatistas en dicha ciudad comienzan a blandir en 1995 al conmemorase el centenario de la Sección, no la bandera adoptada unánimemente en la célebre asamblea del 22 de diciembre de 1895 en el Chimney Corner Hall, Manhattan, sino la cubana pero con el azul “celeste” utilizado por Mariana Bracetti al confeccionar la bandera de Lares. Como bien es sabido, Mariana Bracetti, a sugerencia del Dr. Betances, utilizo como modelo la bandera adoptada por la Republica Dominicana en 1844 al fundarse dicha Republica. Si bien el azul de dicha bandera era, y es, el “obscuro” utilizado por los movimientos republicanos europeos y sudamericanos de principios del siglo XIX conforme al azul de las banderas de la Unión Americana y la República Francesa, Mariana Bracetti, posiblemente a falta de material apropiado, utilizo un corte de tela azul celeste al confeccionar aquella de Lares.

          Ciertamente nuestra bandera nació de una lucha y ansias por alcanzar poderes y libertades donde primaban, no la exaltación de “egos”, sino la devoción por una patria “nueva” como tan bien lo expresa en su artículo la distinguida escritora. Sin embargo, debemos recordar al respecto que la Junta Directiva de la Sección de Puerto Rico—el Dr. Henna, Roberto H. Todd, su secretario, el notable periodista y escritor ponceño Sotero Figueroa y los insurrectos de Lares Juan de Mata Terreforte y Aurelio Méndez, entre otros, así como la inmensa mayoría, sino la totalidad de los 59 puertorriqueños reunidos en asamblea en el Chimney Corner Hall. promulgo la anexión de la Isla como territorio de Estados Unidos en ruta a su eventual admisión como estado de la Unión, mientras, a su vez, el Dr. Betances y Eugenio María de Hostos, delegados de la Sección en Paris y Santiago de Chile, respectivamente, estimaban procedente una intervención norteamericana en la Isla siempre y cuando una ocupación no fuese efectuada conforme al “derecho de conquista” vigente entonces en Europa y la anexión y eventual incorporación del territorio como estado ratificada mediante un proceso plebiscitario. Debemos recordar, además, que la (hoy) bandera nacional de Cuba, enarbolada en 1848 por vez primera en la sede del periódico The New York World en el bajo Manhattan a instancias de cubanos anexionistas radicados entonces en esa ciudad, se identificó a través del siglo 19, no con la independencia, sino con el anexionismo.

          Para ilustrar, a raíz de los levantamientos republicanos que arroparon las principales ciudades europeas en 1848, incluidas Madrid y Barcelona, el general y pasado gobernador de la Provincia de Camagüey, Cuba, Narciso López organiza en Nueva York y New Orleans, apoyado por prominentes hacendados cubanos, una expedición filibustera con el propósito de invadir y expulsar de la Isla el gobierno de Isabel II y anexar la misma como Estado de la Unión. A tal fin el general López diseña una bandera, hoy la cubana, tomando como modelo la bandera de Chile con sus colores invertidos. Desafortunadamente la expedición, incluyendo el comandante puertorriqueño Felipe Gotay, fue decimada y López capturado y agarrotado públicamente en la Plaza de Armas de La Habana en noviembre de 1851.

          De la misma manera, el Grito de Yara, insurrección encabezada por Carlos Manuel de Céspedes, propietario del pequeño ingenio azucarero La Damajagua en Bayamo, Cuba, fue un movimiento anexionista. Por ejemplo, consumado el Grito (10 de otubre de 1868), de Céspedes y el liderato insurreccional envían una carta al Secretario de Estado norteamericano William H. Seward (1861-1869) en la cual no dudan que, después de constituirse en nación, Cuba habría de integrarse como estado a la Unión Americana. Pero aún más  significativo, convocada en abril de 1869 una Asamblea Constituyente en Guáimaro, Provincia de Camagüey, para proclamar la Republica, los lideres máximos de la insurrección Manuel de Céspedes y el acaudalado ganadero camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt, “El Lugareño”, proclaman la Constitución de la República de Cuba en Armas, adoptan como bandera la diseñada por Narciso López en 1848 y remiten una carta al entonces recién elegido presidente Ulysses S. Grant (1869-1875) expresando el deseo de ver la Isla entre los estados de la Unión.

          Mientras tanto en San Juan de Puerto Rico, el cónsul norteamericano Alexander Jourdan, fundador y propietario de la Hacienda San Antonio en Bayamón y quien residió en la Isla por más de 40 años, recalcaba en sus despachos al Secretario Seward la existencia de jóvenes criollos puertorriqueños deseosos por establecer en la Isla un gobierno republicano “con anexión a Estados Unidos”. Informaba además al Secretario confidencias en torno a la presencia en el seno de la Junta Revolucionaria Capa Prieto de Mayagüez, liderada por el agricultor norteamericano Matías Bruckman y el comerciante Juan de Mata Terreforte, así como en la Junta Comité del Oeste donde militaban los hermanos Salvador y Celedonio Carbonell, de insurrectos de orientación anexionista, si bien toda evidencia al respecto fue destruida al fracasar el levantamiento de Lares.  En este contexto más amplio puede apreciarse mejor el origen y naturaleza de las confusa, e innecesaria en gran medida, controversia en torno a nuestra bandera.

          No hay, ni ha habido, controversia alguna en Puerto Rico, o en Nueva York, en cuanto a la fecha de “adopción” como nuestro pabellón aquel de Cuba con sus colores invertidos al constituirse en dicha ciudad el 22 de diciembre de 1895 la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano bajo el liderato del Dr. José Julio Henna, hoy la bandera oficial de Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Donde sí ha habido discrepancias y acaloradas disputas es en torno a quien “origino”, y/o “concibió” dicha bandera.

          Por ejemplo, don Antonio Vélez Alvarado, quien, en 1892, ayudo a fundar en Nueva York, junto al periodista Sotero Figueroa, al insurrecto de Lares Juan de Mata Terreforte y al joven poeta Francisco Gonzalo “Pachín” Marín con el apoyo de José Martí el histórico Club Borinquen. De regreso a Puerto Rico a principios del siglo 20, Vélez Alvarado publica durante las décadas de 1920 y 30 en los periódicos “La Correspondencia” y “El Mundo” sendos artículos reclamando haber sido el “creador” de la bandera de Puerto Rico. Según Vélez Alvarado, quien presidio interinamente el Partido Nacionalista en el año de 1922, mientras redactaba un manifiesto suscrito por Sotero Figueroa y Pachín Marín al fundase el Club Borinquen en 1892 fijo su vista sobre una bandera cubana y, por un raro “daltonismo”, sus colores aparecieron “invertidos”. Circulado el diseño de una bandera para Puerto Rico a la manera cubana pero sus colores invertidos su recepción entre la comunidad cubana y puertorriqueña neoyorquina fue “extraordinaria”, según Vélez Alvarado, procediendo a remitir el diseño al Dr. Betances en Paris.

          El reclamo y relato de Vélez Alvarado en la prensa fue acerbamente cuesTiónado por Roberto H. Todd, uno de los fundadores, junto a José Julio Henna, Sotero Figueroa, Juan de Mata Terreforte y el ponceño Manuel Besosa, entre otros, de la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano; Sección fundada en magna asamblea efectuada bajo la dirección del Dr. Henna el 22 de diciembre de 1895 en el Chimney Corner Hall, Manhattan, ocho (8) meses después de José Martí haber desembarcado y perecido trágicamente en combate en abril de 1895 en Nuevitas, Provincia de Oriente, Cuba.

          Alego Todd en artículo publicado en la legendaria revista Puerto Rico Ilustrado que el diseño de la bandera puertorriqueña se debió a una iniciativa del ponceño Manuel Besosa, vocal en la Directiva de la Sección, quien le encomendó a su hija Mima confeccionar una pequeña bandera tamaño 5 por 8 pulgadas con los colores de la bandera de Cuba invertidos. Presentada la moción por Juan de Mata Terreforte, quien, dicho sea de paso, había sugerido en reuniones previas adoptar como ensena la bandera de Lares, y tremolada la pequeña bandera en la asamblea, la bandera de Cuba con sus colores invertidos es aprobada por aclamación. (La bandera original desapareció en agosto de 1899 durante el Huracán San Ciriaco al hundirse la barcaza que transportaba los efectos personales de la familia Besosa al esta mudarse de Ponce a San Juan. La documentación y correspondencia oficial de la Sección de Puerto Rico fue donada por el Dr. Henna al Municipio de Ponce antes de fallecer en 1924. Desafortunadamente la misma desapareció misteriosamente en el transcurso de la década de 1940.).

          Sin embargo, al hacer pública Roberto Todd una carta de Mima Besosa confirmando haber confeccionado la bandera de Chimney Hall y rebatiendo la alegación de Vélez Alvarado, el distinguido líder nacionalista suscita una acalorada disputa al insistir haber diseñado la misma y, para mayor confusión, surge una carta de Juan de Mata Terreforte a Domingo Collazo (1923), miembro de la Porto Rican Commission que desembarco en la Isla con las tropas americanas, que introduce la versión alternativa que Pachín Marín, y no Vélez Alvarado, fue su creador. Mientras tanto, José Coll y Cuchi, fundador y primer presidente del Partido Nacionalista (1921), redacta un compendio de la Historia de Puerto Rico distribuido por el Gobierno Insular en la Feria Mundial de Chicago (1934) y señala que Vélez Alvarado, quien, dicho sea de paso, no asistió a la asamblea de Chimney Hall, fue el creador de la misma.

          Ante las enrevesadas y conflictivas alegaciones, se constituye (1937) una comisión de distinguidos historiadores y líderes cívicos puertorriqueños encabezada por don Adolfo de Hostos, hijo del prócer e Historiador Oficial de Puerto Rico, el Dr. Juan B. Soto, presidente de la Academia Puertorriqueña de la Historia, y el Lic. Vicente Geigel Polanco, presidente de la Sección de Historia del Ateneo, entre otros, para dilucidar el asunto. Convocado a exponer su caso y proveer documentación  al efecto, Vélez Alvarado no comparece por lo que la Comisión dictamina que Manuel Besosa fue el proponente de la adopción como bandera de Puerto Rico la cubana con sus colores invertidos y Juan de Mata Terreforte quien la dio a conocer al tremolarla el 22 de diciembre de 1895 en la Asamblea Inaugural de la Sección de Puerto Rico celebrada en el Chimney Corner Hall, Tercera Avenida, hoy Avenida de las Americas y la Calle 25, Manhattan; local, dicho sea de paso, ubicado a dos cuadras de la poderosa e influyente Gran Logia Soberana de Rito Escoces de la Calle 23, esquina Tercera Avenida, en la cual fueron afiliados José Martí, Tomas Estrada Palma, José Julio Henna y un gran número de cubanos y puertorriqueños entonces exiliados en Nueva York además del subsecretario de Guerra, y futuro presidente, Theodore Roosevelt.

          Nótese, sin embargo, que el Comité de historiadores y líderes cívicos decide, sabiamente, que Manuel Besosa fue el “proponente”, no el “creador”, de la bandera de Puerto Rico. Si bien la de Cuba con sus colores invertidos fue formalmente adoptada en la aludida histórica Asamblea, es claro que la propuesta había estado circulando informalmente entre los puertorriqueños residentes y/o exiliados en la ciudad de Nueva York a partir de 1892 cuando José Martí funda el Partido Revolucionario Cubano y, simultáneamente, Sotero Figueroa y Juan de Mata Terreforte fundan el Club Borinquen.

          Es factible especular que don Antonio Vélez Alvarado y Pachín Marín, amigos de Marti y también miembros fundadores del Club Borinquen, hayan concebido, por separado o conjuntamente, la bandera y que doña Lola Rodríguez pudo haber estado involucrada indirectamente en la conversación desde San German vía correspondencia con el Dr. Betances en Paris. Sin embargo, debo señalar que Bonocio Tió y doña Lola arribaron auto-exiliados de La Habana a Nueva York en julio de 1896 seis meses después de fundada la Sección de Puerto Rico, según información disponible en el escrito de la investigadora cubana Josefina Toledo en su excelente escrito “Lola Rodríguez de Tío: Contribución Para un Estudio Integral”, por lo que doña Lola no pudo haber estar estado involucrada directamente en la discusión que dio paso a la adopción de la bandera al fundarse la Sección. Por otro lado, Bonocio Tió si participo, junto a su amigo y compueblano Mateo Fajardo Cardona, en la (menos conocida) asamblea del 2 de agosto de 1898 que disuelve la Sección y funda en su lugar la (anexionista) Liga de Patriotas de Puerto Rico bajo la dirección de Eugenio María de Hostos y el Dr. Henna. En este contexto resta examinar el origen del confuso, y desafortunadamente controversial, asunto del color—si azul obscuro o celeste—de nuestra bandera.

          Debo mencionar que, al conmemorarse en 1995 el centenario de la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario cubano y adoptarse la bandera por 59 exiliados puertorriqueños reunidos en asamblea en Chimney Hall, Manhattan, el bien recordado periodista cubano Lionel Rodríguez, director de la edición de Nueva York de El Vocero de Puerto Rico, y este servidor publicaron una serie de artículos en torno a la colaboración de cubanos y puertorriqueños en el transcurso de la Guerra Hispano-Cubana-Americana y de la adopción por la Sección como pabellón la bandera de Cuba con sus colores invertidos. Dado el caso que entonces existía en la comunidad puertorriqueña neoyorquina, particularmente entre los seguidores de don Pedro Albizu Campos, la noción que la bandera de Puerto Rico había sido creación y obra del Dr. Betances y don Pedro, pero apercibidos por la edición neoyorquina de El Vocero y subsiguientes escritos en el Diario/la Prensa de Nueva York de la adopción por la (anexionista) Sección de Puerto Rico de la bandera de Cuba con los colores invertidos comienzan a circular y enarbolarse misteriosamente en las festividades puertorriqueñas de la ciudad, particularmente en la Fiesta Folclórica y la Parada de Nueva York, la bandera de Chimney Hall pero con el azul celeste de la bandera de Lares.

          Así mismo muy significativo, el Rev. Roberto González Nieves, antiguo párroco de la Iglesia de la Santa Cruz (Holy Cross) del Bronx, aparentemente convencido que el azul celeste desplegado en muchas de las banderas enarboladas en dichas festividades era el azul de la misma, al ser designado en 1999 Arzobispo Metropolitano de San Juan de Puerto Rico despliega en el altar a la Virgen de la Providencia de la Catedral una bandera de Puerto Rico con el azul celeste en lugar del oficial azul obscuro. Desafortunadamente dicha práctica fue conveniente y astutamente apropiada y popularizada, particularmente entre la juventud, por el liderato del Partido Independentista Puertorriqueño no obstante el Partido Nacionalista haber adoptado previamente como ensena la bandera de Chimney Hall al fundarse en 1921 dicha colectividad en el desaparecido Teatro Nuevo de Rio Piedras y a pesar del Gobierno de Puerto Rico haberla designado oficial al aprobarse en 1952 la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

          Sugiere además Ms.Tió en su interesante artículo, ilustrado por una foto histórica, que la bandera de Puerto Rico fue enarbolada en la Isla por vez primera en 1896 durante el funeral del eximio poeta José Gualberto Padilla (El Caribe) en Vega Baja. Es importante señalar, sin embargo, que previo a su sepelio, la bandera de Chimney Hall había sido tremolada públicamente en el transcurso del fallido levantamiento anexionista de Yauco de abril de 1896; levantamiento organizado en Nueva York por el Dr. Henna y la Sección de Puerto Rico y liderado en la Isla por el hoy olvidado agricultor y exportador de café de ascendencia corsa Antonio Mattei Lluveras, como tan bien lo relata el Dr. Félix Tió y Malaret en su poco conocido Epistolario Histórico. En este contexto puede especularse, no ya que en Yauco y Vega Baja se enarbola en Puerto Rico públicamente por primera vez la bandera de Chimney Hall, sino además que Bonocio y doña Lola se trasladan en auto-exilio voluntario de La Habana a Nueva York en julio de 1896 tres meses después del levantamiento de Yauco esperanzados en un inminente levantamiento popular, no ya en el sur-suroeste de Puerto Rico, sino ademas en el norte de la Isla donde previo al Grito de Lares el ilustre medico educado en Barcelona había organizado en Vega Baja una Junta Revolucionaria de la misma manera que el agricultor anexionista natural de Fajardo Jose de Celis Aguilera y el anexionista de ascendencia venezolana Rufino R. de Goenaga habían organizado  simultáneamente otra en San Juan.

          Igualmente significativo respecto al sentido político de la bandera, en el transcurso de la invasión de Puerto Rico por los puertos de Guánica, Ponce, Arroyo, Fajardo y Mayagüez las tropas norteamericanas exhibieron, adheridos en las solapas, corbatas y “yuntas” de sus uniformes, alfileres con la bandera de Chimney Hall, mientras en Ponce el prominente republicano puertorriqueño Rosendo Matienzo Cintrón enarbolaba en el balcón de su residencia en Ponce al desfilar las tropas por sus calles en julio de 1898 la única bandera de Estados Unidos disponible en dicha ciudad. Mientras tanto, el agitador puertorriqueño José Maldonado, popularmente conocido como “Aguila Blanca”, desplegaba en los campos del Sur, montado a caballo, una gigantesca bandera de Puerto Rico. Desafortunadamente algunos académicos y la (parcializada) historiografía puertorriqueña caracteriza al popular personaje como un “insurgente” decidido a confrontar las tropas invasoras. Sin embargo, desconoce la (parcializada) historiografía puertorriqueña que José Maldonado, “Águila Blanca”, fue un campesino exiliado en Nueva York afiliado a la Sección de Puerto Rico como tan bien lo atestiguan las Actas de la Sección. De hecho, ya a principios del siglo 20 la bandera tremolada por Juan de Mata Terreforte en Chimney Hall era popularmente considerada el pabellón “oficial” de la Isla particularmente luego de estallar en 1914 la Primera Guerra Mundial y el recién instituido Senado y la Cámara de Representantes de Puerto Rico crear una Comisión Especial para gesTiónar el traslado de los restos del prócer Ramon E. Betances de Paris a la Isla a raíz de la promulgación en 1917 del Acta Orgánica Jones.

          Para ilustrar, poco antes de aprobarse en marzo de 1917 la Ley Jones en el transcurso de la Primera Guerra Mundial y de Estados Unidos haber declarado la guerra a Alemania en abril de ese año, el buque de guerra francés “Juana de Arco” visita la Isla en viaje de buena voluntad. Luego de un desfile cívico y parada militar por la ciudad Capital, la comitiva oficial, incluyendo al gobernador Yaeger, el Cónsul de Francia, el almirante capitán del buque francés, el “Speaker” de la Cámara José de Diego y el Comisionado Residente Interino Félix Córdoba Dávila en sustitución del recién fallecido Luis Muñoz Rivera, se congrega en los balcones de la Casa Alcaldía cobijado bajo las banderas de Estados Unidos y Francia y, en el centro, el pabellón de Chimney Hall, la primera ocasión en que flota la bandera de Puerto Rico en un acto oficial. Concluidos los discursos, la Banda Municipal, bajo la dirección del notable musico ponceño Manuel Tizol—de la cual era miembro el joven Rafael Hernández— comienza inesperadamente a tocar “La Borinqueña” luego de ejecutar “La Marsellesa” y el himno de Estados Unidos mientras un oficial francés ordena presentar armas a la bandera de Puerto Rico, según el relato del entonces alcalde de la Capital Roberto H. Todd en conferencia dictada en septiembre de 1937 en el Ateneo Puertorriqueño. Poco después el Comisionado Residente Interino tremola la bandera de chimney Hall en el transcurso de un discurso ante el aplauso de los legisladores.

          Inmediatamente después, el conocido periodista puertorriqueño radicado en Francia Luis Bonafoux Quintero, en posesión de los archivos, escritos y parte de la correspondencia inédita del Dr. Betances, hace un llamado a la legislatura y las entidades cívicas de la Isla para trasladar los restos del ilustre medico de Paris a Puerto Rico y Martin Travieso, joven abogado unionista allegado al Dr. Henna y presidente interino del recién instituido (por el Acta Jones) Senado de Puerto Rico, presenta un proyecto de Ley asignando fondos al efecto. Concluida la Guerra, el Senado de Puerto Rico, bajo la presidencia del máximo líder unionista don Antonio R. Barceló, y la Cámara de Representantes, dirigida por el abogado y educador afiliado al ala estadoista de la Unión de Puerto Rico don Juan B. Huyke, coordinan con las autoridades federales–y aparentemente con el Dr. Henna en Nueva York—el proceso de exhumación y traslado de los restos del prócer. A tal fin el joven abogado y legislador afiliado al ala autonomista de la Unión Alfonso Lastra Charriez es comisionado para cumplir el cometido.

          En junio de 1920, poco antes del candente—y cerrado—proceso electoral de noviembre de 1920 entre la Unión Puerto Rico, el Partido Republicano Puertorriqueño y el recién instituido Partido Socialista, las cenizas del Dr. Betances depositadas en el histórico cementerio Pere La Chaise de Paris—Betances había solicitado en su testamento ser creamado—son exhumados en la presencia de más de 500 personas, incluyendo el Embajador de Estados Unidos en Francia, los ministros de Cuba, República Dominicana y Haití, el acaudalado almacenista anexionista puertorriqueño residente en Paris, y amigo de Betances, don José Tomas Silva y el conocido comerciante de ascendencia francesa allegado a Betances y fundador del legendario (hoy desaparecido) Bazar Giusti en el antiguo San Juan don Pedro Giusti, según lo relatado por Felix Ojeda Reyes en la biografía del prócer.

          Trasladados los restos a Nueva York en una fragata de la marina francesa, los mismos son depositados en la residencia del Dr. Henna y, mediante gestión del ilustre médico y de organizaciones puertorriqueñas, son recibidas por las autoridades del estado de Nueva York y expuestas en el Ayuntamiento de la Ciudad de Nueva York. Allí la comunidad hispana, francesa y su gran clientela china—Henna se familiarizo con el chino para servir mejor esta gran comunidad—le rinde homenaje póstumo previo su traslado a la Isla en el vapor Buford de la Marina norteamericana. Recibida la urna en San Juan de Puerto Rico por el presidente del Senado Antonio R. Barceló, el presidente de la Cámara Juan B. Huyke y el gobernador interino don José E. Benedicto, la urna con sus cenizas es trasladada a Cabo Rojo, su pueblo natal, donde reposan sus restos en el pequeño mausoleo edificado mediante suscripción publica en plaza del pueblo.

Fuentes:

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Tió, Elsa, El Origen y los Colores de Nuestra Bandera, El Adoquín Times, diciembre de 2020.

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