La excusa perfecta de Cuba Comunista

La excusa perfecta

Manifestación Cuba
Miles de personas asisten a un mítin político y cultural en la avenida Malecón de La Habana, Cuba, el sábado, 17 de julio de 2021 en apoyo a la Revolución Cubana, seis días después de que manifestantes antigubernamentales protestaron en varios puntos de la isla.AP

Por seis décadas Cuba ha estado acusando a los Estados Unidos de tener un bloqueo asfixiante contra la mayor de las Antillas. Su retórica es que hay una estrategia económica para afectar al pueblo a costa de cualquier cosa. El discurso lo comenzó Fidel Castro cuando en octubre de 1960 el presidente Eisenhower prohibió que las refinerías de petróleo americanas procesaran petróleo de la Unión Soviética en sus factorías en suelo cubano.

El presidente Eisenhower nunca le preocupó Cuba como una amenaza a la seguridad nacional, como hace unos años se reveló en documentos que fueron desclasificados. Sin embargo, ya él tenía información de que el gobierno cubano iniciaría un proceso de confiscación de propiedades de empresarios de los Estados Unidos y, lo peor de todo, sin compensación alguna. La expropiación se hizo a través de una estrategia mediática dirigida también a activar las guerrillas de izquierda que ya comenzaban a organizarse en Latinoamérica.

Además del no refinamiento del petróleo, el gobierno de los Estados Unidos canceló la compra de azúcar a Cuba e impuso un embargo económico a todo el comercio, con excepción de medicinas, comida y remesas que enviaban los exiliados. Las inversiones cayeron de casi un $1 billón a cero. La confiscación y la salida de los empresarios e inversionistas se dio al mismo tiempo. Años después Fidel afirmaba estar dispuesto a compensar a las compañías afectadas. Fue un anzuelo demagógico para que tuviera eco en la prensa nacional.

Mientras ese discurso se desarrollaba, Cuba recibía de la Unión Soviética cantidades de dinero, ayuda técnica y ayuda militar impresionantes. El petróleo que le compraba a los soviéticos era a precios preferenciales y el comercio que tenía con todo el bloque comunista vendiendo productos cubanos también era con trato preferencial. Esto incluía el azúcar, por supuesto. Lo que evidencia que en ningún momento los cubanos estuvieron desprotegidos del comercio con países extranjeros.

Desde 1961 Cuba asiste y es miembro de la Organización de Países No Alineados, donde ese año participaron veinticinco miembros que se convertirían en aliados con los que podían establecer tratados comerciales, aparte de las relaciones diplomáticas. La membresía fue creciendo y hoy son 120 estados participantes en esta importante organización mundial. De hecho, cuando en 1979 Fidel Castro dio aquel impactante discurso en las Naciones Unidas lo hizo como presidente de esta organización.

Fidel Castro era un hombre brillantísimo y un artífice del lenguaje que sabía el poder que las palabras tienen. Por eso adoptó el término “bloqueo” y no “embargo”, que es la correcta. Con la primera, pronunciada en sus discursos amazónicos, en pronunciamientos en visitas por Latinoamérica y en entrevistas, creaba un proselitismo contra los Estados Unidos en toda la izquierda latinoamericana y en aquellos que detestan la política exterior de Washington.

Quitar el discurso del “bloqueo” sería eliminar un arma de combate para los comunistas cubanos, mucho más en estos tiempos de represión al pueblo. Es la excusa perfecta. Lo más parecido al discurso de los independentistas con el asunto de la Marina de Guerra de los Estados Unidos en Vieques, que se ahogó en el olvido por el silencio de la controversia, y ya su presencia en la Isla Nena como en Roosevelt Roads no es grito de lucha ni estrategia ideológica.

El “bloqueo” nunca ha existido porque los Estados Unidos no han enviado barcos de guerra a impedir que navíos mercantes de otros países anclen en puertos cubanos. He ahí la incorrección del término que se usa para propósitos políticos. El embargo ha consistido en lo antes dicho. Sin embargo, con la Cuban Democracy Act de 1992 se recrudeció relativamente. La ley consistió en hacer presión económica sobre Cuba para hacer más difícil —no impedir— que subsidiarias de multinacionales americanas entraran a puertos americanos si habían entrado primero en Cuba. (Véase a, Patrick J. Haney & Walt Vanderbush, The Cuban Embargo: the domestic politics of an american foreign policy).

Un hecho incontrovertido que se dio durante las manifestaciones en las calles fue que las alusiones contra el “bloqueo” nunca se escucharon. Solo “Patria y Vida”, acompañado con el grito de “¡Libertad!”, fue lo que salía de los labios de la gente. El ser libres, salir de esa enorme cárcel que es la isla entera, donde un sistema obsoleto y represivo, que se caracteriza por la ausencia de libertades y la violación sistemática de los derechos humanos, es lo que acabaría con toda la miseria y el hambre que el pueblo cubano padece producto de la dictadura más longeva en la historia de Latinoamérica.

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Mario Ramos Méndez

Mario Ramos, Historiador

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