La calle con el policía – Por Mario Ramos

La calle con el policía

Patrulla policía
Archivo

Un abucheo suena más que cinco aplausos. —Carlos Romero Barceló

Hace unos meses lo menos que nos hubiéramos imaginado es que faltando poco para que comenzara el toque de queda, uno de los policías que patrullaban por el Condado se convirtiera en una celebridad. Mientras la patrulla seguía su marcha, se anunciaba por el altoparlante que en pocos minutos el comercio estaría cerrado y todos los transeúntes debían regresar a sus hogares o a sus cuartos, en el caso de los turistas. Sin embargo, un individuo que retó la autoridad encendió la mecha que crearía una frase que se convirtió en viral: “No seas chistosito”, le dijo el policía.

Tanto en la calle como en el Cuartel General el agente era el tema de toda conversación. Los elogios y los chistes —siempre a su favor— eran continuos. Todos los que vieron el vídeo difundido por EL VOCERO sintieron una mezcla de humor por las palabras y de orgullo por el policía que luego tenía que hacer lo que ninguno de los que estaban en la calle a esa hora haría: seguir trabajando.

Un segundo caso, meses después, se dio hace poco frente a la calle que conduce hacia La Fortaleza. En un supuesto campamento que se ha construido en violación a todas las normas y leyes aplicables, y que, además, es un adefesio que hiere la retina estética del San Juan histórico, un individuo le falta el respeto a un capitán de la policía. Le da con el dedo índice varias veces en el pecho y le dice palabras impublicables. Algunos dicen que le mentó la madre, pero no se ha corroborado. El agente, defendiendo su orgullo propio, el de su familia y el de todos sus compañeros, lo cruzó con una derecha y el agresor cayó en el piso y de inmediato vino el merecido arresto.

El puño del capitán —frase que debería ser título de una novela— se hizo viral. En todas las redes se podía ver la potente derecha y sus efectos secundarios inmediatos. Todos los comentarios eran en proporción de 9 a 1 a favor de nuestro agente del orden público. En mi caso particular, leí cientos de comentarios, aún en noticias con titulares cargados contra la uniformada, y el respaldo fue abrumador. Personas de todos los grupos demográficos se convirtieron en el bufete de abogados más grande de la historia y en defensa de un solo cliente: la Policía de Puerto Rico.

Hace poco se dio otro caso. Un individuo apodado Rey Charlie —convertido en héroe civil cuando el pueblo botó a Ricky Rosselló—de manera irresponsable organizó una actividad donde participaron miles de motociclistas. La policía nunca fue informada sobre el asunto, y al enterarse por las redes trataron de comunicarse con el nuevo irresponsable social, pero nunca recibieron respuesta.

La interrupción del tránsito y la desconsideración hacia los demás durante esta actividad fue algo, tal vez, sin precedentes. La contaminación de ruido generada por las motoras, los vehículos sin tablilla o sin marbete, personas sin licencia de conducir y evidentes actos de irrespeto hacia los agentes del orden público fue lo que pudimos ver en las redes sociales. Incluso, programas de farándula fueron críticos de Rey Charlie, que ese mismo día con micrófono en mano y amenazante habló oprobios impublicables contra la uniformada.

Sin embargo, la reacción del pueblo no se hizo esperar. En las redes sociales se escuchó un rugido atronador como nunca a favor de la policía de Puerto Rico en su cumplimiento del deber y como protectores de la vida y la propiedad. Los defensores de los bandoleros no llegaron al uno por ciento, me atrevo a decir. Y gracias a la intervención policíaca se dieron sobre 1,700 multas por violaciones a la Ley de Tránsito, lo que evidencia que la actividad fue un magno acto de reto a las normas y desconsideración hacia todos los que respetamos la ley y el orden público.

Como todo en la vida, la policía de Puerto Rico tiene sus detractores. Son pocos y muy sonoros, pero no convencen a nadie. Es un reducido grupo que, vistiendo siempre el uniforme de víctimas, tienen acceso directo a algunos medios y atacan sin piedad con un discurso ideológico en el sustrato de la diatriba. Sin embargo, en la calle hay una enorme mayoría silente que los apoya y defiende. Esa defensa se ha convertido en un valor cultural en muchos hogares y, creo, eso habla bien del sentido de orden y justicia que los puertorriqueños tenemos como sociedad.

mramos

Mario Ramos Méndez

Mario Ramos, Historiador Sigue this search

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