La mayoría silente

OPINIÓN

La mayoría silente

Proyecto Dignidad
A la izquierda, el doctor César Vázquez Muñiz, fundador y presidente del colectivo Proyecto Dignidad.Suministrada

Cuando anunciaron que Proyecto Dignidad se inscribiría como partido, nadie le dio esperanzas. Muchos rieron y pensaron que terminaría como los anteriores partidos emergentes. Fue un anuncio fugaz que pronto cayó en el olvido. Mientras, sus líderes trabajaban sin cesar y en silencio para lograr las firmas necesarias para que su colectividad quedara inscrita y pudiera participar en las elecciones generales. Aun con detractores dentro del sector cristiano, día a día avanzaban en el recogido de firmas hasta la certificación por la Comisión Estatal de Elecciones.

El surgimiento de este partido lo explica un nuevo fenómeno sociológico: la decepción, pérdida de identidad y lealtad política, y sentido de traición del que fueron víctimas los líderes religiosos. Habiéndose rasgado las vestiduras con ellos, firmado una carta de puño y letra donde se comprometía con los valores cristianos y su defensa, Ricardo Rosselló luego les dio la espalda y abrazó a otros sectores.

Esa acción era una semilla que le saldría cara al Partido Nuevo Progresista, pues un gran sector lo abandonaron y se fueron a otras tiendas a ejercer su derecho a participar en política. Tal vez los perdieron para siempre. Cansados de las promesas rotas y de la falta de palabra, lo sucedido evidencia que desde hace tiempo viene dándose un desgaste irreversible dentro de ese partido.

La mayoría de ellos, con sus claras y conspicuas excepciones, son personas que creen en la estadidad para Puerto Rico, de hondos valores y preocupados por el deterioro social y moral que hoy día viven los puertorriqueños. Llevan una vida entera recibiendo ataques y burlas de personas de pensar y costumbres antagónicas que en nada respetan ni toleran el respeto al derecho ajeno.

Durante la guerra de Vietnam se dieron cientos de protestas y marchas en todos los Estados Unidos en contra de ese conflicto bélico. La prensa nacional interpeló a Richard Nixon y le disparó que el pueblo americano estaba en su contra. La contestación del presidente republicano en un mensaje televisivo fue lapidaria: “And so tonight —to you, the great silent majority of my fellow Americans— I ask for your support.” Cuatro años después Nixon demostraba que su afirmación fue correcta. Había una mayoría silente que lo respaldaba, pues su triunfo fue aplastante. De los más grandes en la historia política.

La mayoría silente es un movimiento que se da en el sustrato histórico. Nadie o tal vez pocos lo perciben. A veces las encuestas no lo detectan —como pasó en 2016 con la elección de Donald Trump donde la ruralía blanca se volcó a su favor— porque son electores que no se pronuncian, se mantienen callados, no participan en nada, se proyectan desinteresados de la política hasta que llegan las elecciones. Todos, de una manera u otra, tienen unas características socioeconómicas en común.

En Latinoamérica se ha dado este fenómeno. En México, por ejemplo, el PRI perdió en el año 2000. Llevaba casi setenta años en el poder. Un ejemplo de lo que es un sistema de partido único. Fue un golpe devastador que sufrieron los priistas, pues estuvieron doce años fuera del poder. Vicente Fox y Felipe Calderón —ambos del Partido Acción Nacional— gobernaron a los mexicanos por dos términos.

Las mayorías silentes salen a la superficie histórica cuando se dan remezones políticos. Su origen son las decepciones y el sentido de traición colectiva que siente un sector del electorado que va creciendo hasta que en un momento de su evolución ruge de coraje y su manifestación rompe esquemas y acaba con las lealtades que nunca fueron correspondidas.

Creo que ese fue el caso de Proyecto dignidad. Un movimiento que surgió en las mentes de los que lo fundaron, pero sin verbalizarlo con nadie. Quedó guardado y en muchos se convirtió en lo que Carl Jung llamó el inconsciente colectivo; donde en el pensar y sentir de muchos cristianos estaba el mismo deseo de desarrollar un proyecto para adelantar programas e ideas y hacerse sentir ante el pueblo con sus propios medios y no con la ayuda de los que nunca ayudan.

La marcha de miles en contra de la enseñanza de la ideología de género en las escuelas públicas fue un ejemplo de la mayoría silente, pues un brazo de mar humano caminó por las calles del viejo San Juan con la bandera de los valores y de la tradición cristiana. Y como el gran Eugenio María de Hostos, también ellos exclamaron: “Vivamos la moral que es lo que nos hace falta”.

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Mario Ramos Méndez

Mario Ramos, Historiador Sigue this search

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