Capitolio
Foto: EL VOCERO/ Archivo

La Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, considera que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen como base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana y establece en el Artículo 13 que: “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado”.

Lo importante es devolverle a la ciudadana la credibilidad en la Policía y Agencias del Orden, para que ayuden a atajar la criminalidad

Antagónicamente, los residentes de los sectores más poblados en Puerto Rico, se encuentran inmersos y maniatados en la facción deliberada de los criminales que sin medir consecuencias, motivados por el control del narcotráfico, convierten nuestras comunidades en campos de batalla, quebrantando el derecho establecido por las Naciones Unidas a circular libremente por las calles, de forma segura.

Es harto conocido que para las ciencias sociales ha sido sumamente complejo definir el término “terrorismo”. Sin embargo, de manera general podemos asociar el terrorismo con el uso sistemático del terror. Precisamente, lo que enfrentamos los puertorriqueños diariamente en diversas comunidades, especialmente en la zona metropolitana.

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Mientras el héroe financiado por la Alcaldía de San Juan y la mayoría de los “periodistas” que son Marxistas Izquierdistas sea un Terrorista Convicto, poco podrá hacerse en devolverle la coanfianza a la ciudadanía para que ayude a las Agencias del Orden.

Alrededor de las 8:00 p.m., del pasado miércoles, 23 de agosto, decidí detenerme en un comercio del área de Santurce a apostar a la suerte y jugué unos “pesitos” al “Powerball”, igual a los miles de puertorriqueños que pretendíamos ser ganadores del gran premio.

Así las cosas, salí del comercio y me detuve a poner gasolina a mi vehículo en una de las estaciones de la avenida Roberto H. Todd en San Juan. Era el único cliente en la estación y al comenzar a despachar el combustible inició una lluvia de disparos de alto calibre, justamente en la calle que se encontraba frente a mí.

Estupefacto con las incontables detonaciones, detuve el despacho de la gasolina y me quedé observando el movimiento de personas “calle adentro” gritando en aquel callejón oscuro donde resaltaban las voces femeninas aterrorizadas.

Me di vuelta hacia la derecha para devolver el pistero de la gasolina a la bomba y, mientras, observé que la empleada de la estación corrió a cerrar la puerta de la cabina de la gasolinera. Pero el apogeo de los “guerrilleros” no había llegado a su fin y más bien era el exordio del enfrentamiento de los vándalos. Tal y como si viviéramos en un país no desarrollado, comenzaron las detonaciones desde la parte de atrás de la estación.

Aterrado en medio de una tormenta de disparos cruzados, y sin tener claro si tirarme al piso o montarme en el carro, me percato que no lograba ver a nadie debido a la poca iluminación entre ambas calles y procedí a salir en reversa de la estación de gasolina y arrancar a toda velocidad.

Luego de haber experimentado la peor experiencia de mi vida, me percato que somos víctimas del terrorismo local a manos de criminales que desprendidamente comienzan enfrentamientos y abren fuego, sin consideración alguna a la mayoría de los puertorriqueños y ciudadanos que no fomentamos esos actos de terror en nuestro pueblo. Afortunadamente, no me pasó nada, pues era el único cliente en la estación. Sin embargo, considero que si el resto de las bombas hubieran estado ocupadas la historia sería otra… fueron decenas de detonaciones y las balas perdidas anualmente cobran muchas vidas.

Reza el Artículo 3 de la Declaración Universal de Derechos Humanos que: “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Empero, es un derecho fortuito ante la falta de planes preventivos de seguridad de la Policía estatal, pero mucho más de la Policía municipal.

Hace mucho no observo una patrulla municipal interviniendo o realizando rondas preventivas en San Juan y los residentes de la capital nos vemos limitados en salir con total libertad y tranquilidad a hacer nuestras diligencias, ante el temor de que, en cualquier esquina, pueda dar comienzo una reyerta de vándalos que se sienten “orgullosos” de ser el “comandante de la guerrilla y el control de los puntos de droga”.

Soy sanjuanero por “adopción” y estoy convencido que uniendo fuerzas entre el gobierno estatal y municipal podremos mitigar el “terrorismo puertorriqueño” y maximizaríamos la seguridad pública y detendríamos las muertes de personas inocentes y ajenas a la voluntad de los delincuentes.

¡Levantémonos Puerto Rico y no dejemos nuestro país en manos de los criminales!